• Juny Pagán

Despertar del sueño de los pensamientos #Miniblog


Imagen: Magda

Si estás hundido en pensamientos, no estás despierto. Eres como un soñador que no sabe que está soñando. El soñador no se pregunta por qué su amiga, que se dirigía hacia él, se convirtió de repente en una yegua, o en una bola de baloncesto, y tampoco se pregunta, «¿cómo puede ser posible esta mierda?». Sino que sigue creyendo que en realidad está ocurriendo eso.


No es hasta que eres consciente del sueño cuando comienzas a despertar poquito a poco. Ahí el cerebro comienza a ser consciente, a ser Conciencia. Por eso un sueño lúcido es tan interesante. De repente eres consciente de que es solo un sueño; no pasará nada, no es real. Estás soñando, pero no estás soñando; estás «durmiendo», pero «despierto», siendo consciente de las ilusiones del cerebro.


Así mismo podemos hacer con los pensamientos de la mente que surgen ahora mientras estamos en vigilia: cuando comenzamos a ser conscientes sin adentrarnos en ellos en el momento en que surgen; cuando los atrapamos en el momento, como un ratón que se quiere colar en la casa.


La Conciencia no puede hacer que estés dormido, porque ella es la definición de despierto y consciente. La Conciencia es el despertar y el fin del sufrimiento. La Conciencia es lo que está «más allá» de la mente, de lo único que pensabas que eras: un «yo» conceptual, el ego.


La Conciencia no es algo metafísico; es una capacidad a la que llega el cerebro. La Conciencia va más allá de las formas observadas por la mente. La Conciencia eres tú.


Dale gracias a la evolución y leyes del Universo por dotar a nuestra especie de esta capacidad de consciencia —y dale las gracias, también, por hacerte reconocer que tu amiga no puede convertirse en una f*cking yegua—. Capacidad que se deja pasar por alto en este mundo occidental dominado solo por el pensamiento y ego.


Meditación de observación de la mente


Te enseñaré un estado de meditación.


Imagen: Balu Designs

Cuando puedas, siéntate con las piernas cruzadas, cierra los ojos, espalda recta, y llénate de consciencia. Estate atento al próximo pensamiento que surja. Verás que no será tu «yo» consciente y conceptual el que lo traiga al campo de consciencia: eso es trabajo de las neuronas y el cerebro, tu «yo» real, físico. Nuestro «yo» consciente no tiene la libertad de generar ningún/algún pensamiento. Pensamos que sí porque hemos vivido identificados con ellos a lo largo de nuestra vida humana. Tu «yo» consciente solo es consciente del momento en que surge el pensamiento, y decide si adentrarse y hundirse en él, o simplemente observarlo y crear una brecha entre el pensamiento y la consciencia.


Cuando te veas hundido en un pensamiento, toma consciencia y vuelve al estado de observar. Míralo como si estuvieras viendo la televisión, pero un programa de pensamientos que simplemente ocurren. Tú observas, y ellos solo ocurren. Los pensamientos, al no darles vida, se desvanecerán por sí solos. ¡Sé consciente, también, de cómo se desvanecen!


Habrá un momento en que la mente, al no estar alimentándose de su comida favorita (pensamientos), se sentirá frustrada. ¡Pero también obsérvala cómo te hará sentir! Sin negarte, sin desear, sin apegarte. Simplemente obsérvala, porque si te ves frustrado significa que volviste a identificarte con los pensamientos, la mente y el ego; no estarás siendo Conciencia.


Cuando realices este estado, llegará un momento en que el cerebro estará tan consciente de sí mismo que pasarán largos ratos en que ningún pensamiento surgirá: solo estarás despierto y siendo, siendo consciente, observando. Pero no busques ni desees llegar a este estado, porque para buscar y desear necesitas utilizar pensamientos. Se trata de ser conscientes, ser Conciencia. También observa la mente cuando desee algo o buscar algo, y agárrala en ese momento —¿hacia dónde ibas, diablilla?—.


Al finalizar el estado de meditación, te darás cuenta que has estado una vida entera prolongando e identificándote con pensamientos que surgen sin que tú «yo» consciente decida traerlos al campo de consciencia. Has vivido como un chimpancé que busca una rama solo para agarrarse a una, pero el chimpancé no sabe que lo hace. Ahora sabes que puedes «atrapar» los pensamientos en el momento en que surgen, y observarte a ti cuando te has aferrado a uno. Observarlos, ser consciente de ellos y cómo se desvanecen. Te darás cuenta de que «no eres» lo que piensa, eres lo que observa lo que piensa.

Este estado de meditación es de lo mejor que harás. Comprenderás muchas cosas.

No se trata de no darle importancia a los pensamientos, o reducirlos a algo insignificante por el resto de tu vida. Esa conclusión es demasiado radical, extrema y peligrosa... y no te la recomiendo. Solo te enseño a vivir en meditación.



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