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Despertar del sueño de los pensamientos #Miniblog

Si estás hundido en pensamientos, no estás despierto. Eres como un soñador que no sabe que está soñando. El soñador no se pregunta por qué su amiga, que se dirigía hacia él, se convirtió de repente en una yegua, o en una bola de baloncesto, y tampoco se pregunta, «¿cómo puede ser posible esta mierda?». Sino que sigue creyendo que en realidad está ocurriendo eso. No es hasta que eres consciente del sueño cuando comienzas a despertar poquito a poco. Ahí el cerebro comienza a ser consciente, a ser Conciencia. Por eso un sueño lúcido es tan interesante. De repente eres consciente de que es solo un sueño; no pasará nada, no es real. Estás soñando, pero no estás soñando; estás «durmiendo», pero «despierto», siendo consciente de las ilusiones del cerebro. Así mismo podemos hacer con los pensamientos de la mente que surgen ahora mientras estamos en vigilia: cuando comenzamos a ser conscientes sin adentrarnos en ellos en el momento en que surgen; cuando los atrapamos en el momento, como un ratón que se quiere colar en la casa. La Conciencia no puede hacer que estés dormido, porque ella es la definición de despierto y consciente. La Conciencia es el despertar y el fin del sufrimiento. La Conciencia es lo que está «más allá» de la mente, de lo único que pensabas que eras: un «yo» conceptual, el ego. La Conciencia no es algo metafísico; es una capacidad a la que llega el cerebro. La Conciencia va más allá de las formas observadas por la mente. La Conciencia eres tú. Dale gracias a la evolución y leyes del Universo por dotar a nuestra especie de esta capacidad de consciencia —y dale las gracias, también, por hacerte reconocer que tu amiga no puede convertirse en una f*cking yegua—. Capacidad que se deja pasar por alto en este mundo occidental dominado solo por el pensamiento y ego. Meditación de observación de la mente Te enseñaré un estado de meditación. Cuando puedas, siéntate con las piernas cruzadas, cierra los ojos, espalda recta, y llénate de consciencia. Estate atento al próximo pensamiento que surja. Verás que no será tu «yo» consciente y conceptual el que lo traiga al campo de consciencia: eso es trabajo de las neuronas y el cerebro, tu «yo» real, físico. Nuestro «yo» consciente no tiene la libertad de generar ningún/algún pensamiento. Pensamos que sí porque hemos vivido identificados con ellos a lo largo de nuestra vida humana. Tu «yo» consciente solo es consciente del momento en que surge el pensamiento, y decide si adentrarse y hundirse en él, o simplemente observarlo y crear una brecha entre el pensamiento y la consciencia. Cuando te veas hundido en un pensamiento, toma consciencia y vuelve al estado de observar. Míralo como si estuvieras viendo la televisión, pero un programa de pensamientos que simplemente ocurren. Tú observas, y ellos solo ocurren. Los pensamientos, al no darles vida, se desvanecerán por sí solos. ¡Sé consciente, también, de cómo se desvanecen! Habrá un momento en que la mente, al no estar alimentándose de su comida favorita (pensamientos), se sentirá frustrada. ¡Pero también obsérvala cómo te hará sentir! Sin negarte, sin desear, sin apegarte. Simplemente obsérvala, porque si te ves frustrado significa que volviste a identificarte con los pensamientos, la mente y el ego; no estarás siendo Conciencia. Cuando realices este estado, llegará un momento en que el cerebro estará tan consciente de sí mismo que pasarán largos ratos en que ningún pensamiento surgirá: solo estarás despierto y siendo, siendo consciente, observando. Pero no busques ni desees llegar a este estado, porque para buscar y desear necesitas utilizar pensamientos. Se trata de ser conscientes, ser Conciencia. También observa la mente cuando desee algo o buscar algo, y agárrala en ese momento —¿hacia dónde ibas, diablilla?—. Al finalizar el estado de meditación, te darás cuenta que has estado una vida entera prolongando e identificándote con pensamientos que surgen sin que tú «yo» consciente decida traerlos al campo de consciencia. Has vivido como un chimpancé que busca una rama solo para agarrarse a una, pero el chimpancé no sabe que lo hace. Ahora sabes que puedes «atrapar» los pensamientos en el momento en que surgen, y observarte a ti cuando te has aferrado a uno. Observarlos, ser consciente de ellos y cómo se desvanecen. Te darás cuenta de que «no eres» lo que piensa, eres lo que observa lo que piensa. Este estado de meditación es de lo mejor que harás. Comprenderás muchas cosas. No se trata de no darle importancia a los pensamientos, o reducirlos a algo insignificante por el resto de tu vida. Esa conclusión es demasiado radical, extrema y peligrosa... y no te la recomiendo. Solo te enseño a vivir en meditación. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

Necesitamos el concepto de tiempo... aunque siempre sea ahora #Miniblog

Aquí te dejo un pasaje del libro El poder del Ahora de Eckhart Tolle: Imagínate la Tierra sin vida humana, habitada sólo por plantas y [otros] animales. ¿Podríamos todavía hablar del tiempo de forma significativa? La pregunta «¿Qué hora es?» o «¿qué día es hoy?» —si hubiera alguien para hacerla— no tendría ningún sentido. El roble o el águila quedarían perplejos ante tal pregunta. «¿Qué hora?», responderían. «Bueno, es ahora, por supuesto. ¿Qué más?». Sí, necesitamos la mente, así como el tiempo, para funcionar en este mundo, pero llega un momento en el que se apoderan de nuestra vida y ahí es donde se establecen la disfunción, el dolor y la tristeza. Algo fuera del Ahora Nuestro cerebro ha desarrollado una capacidad cognitiva demasiado compleja. Esta capacidad nos hizo, poco a poco, crear un concepto de memoria y anticipación como probablemente ninguna otra especie lo hace. Sí, otras especies tienen un sentido de memoria y anticipación, pero mayormente a corto plazo (relativamente). Nosotros, Homo sapiens, lo hemos llevado a otro nivel gracias a la evolución y selección natural: una memoria que se remonta a nuestra infancia y, mediante estudios y observaciones, a hace 13.5 mil millones de años; y una anticipación impresionante como lo que realizaremos de aquí a 1 año o, mediante estudios y observaciones, predecir el periodo orbital de un planeta y otro sistema solar 10 millones de años a partir de este momento exacto. (Sí, es necesario utilizar el concepto de tiempo para señalar hacia algo que ya entendemos. Imagínate no comunicarnos sin los conceptos de minutos, meses, años, etc. Sería muy complicado, inefectivo e innecesario.) Para mí, vivir el Ahora es lo mismo que ser Conciencia, la meditación o la atención plena. La Conciencia siempre es ahora. Nunca ha existido otra cosa fuera del Ahora. Probablemente la mente nos diga que sí, sí han ocurrido más cosas… y eso es totalmente cierto. Quizá te acuerdes que hiciste algo específico hace 3 años, y esa memoria te dará un sentido de que existe algo fuera del Ahora. Quizá la mente piense y te diga que de aquí a varias horas estarás en otro lugar, y esa anticipación te dará un sentido que existirá algo fuera del Ahora. Sin embargo, podemos adentrarnos a vivir en una confusión. La anticipación y memoria son funciones de nuestro cerebro expresadas mediante la imaginación. Aquí es que generamos el concepto de pasado, presente imaginado y futuro. Ahí es donde residen mayormente la mente y el ego. En donde todo ocurre El pasado y futuro son solo formas de pensamientos. El pasado es la memoria de acontecimientos, y lo recuerdas e imaginas ahora. El futuro es la anticipación de tu cerebro y mente sobre una circunstancia posteriormente a lo que ocurre en este momento, y lo anticipas o imaginas ahora. Aunque sí, sí han ocurrido y ocurrirán cosas. ¡De eso no tenemos duda! Pero todas las cosas que han ocurrido y ocurrirán ocurren siempre en el Ahora. El error viene de que confundimos el Ahora con lo que ocurre en el Ahora. Lo que ocurre en el Ahora no es lo mismo que el Ahora *. Míralo como un plano constante en donde se mueven y surgen las cosas. El Ahora es en donde ocurre el movimiento y viaje de la luz —incluso la que no ha llegado a ti todavía, como la de una estrella, por ejemplo—, donde nos movemos en todo momento, donde nacen y mueren los seres, donde el planeta se está moviendo, donde se encuentra nuestra galaxia, donde se encuentra lo que no hemos descubierto del Universo y donde estás escuchando esto… ¡en donde todo ocurre! Todo está ocurriendo a la vez ahora mismo, todo se experimenta ahora mismo; pero es observado relativamente según el observador. Sin embargo, cuando comenzamos a pensar en todo ello como anticipación o memoria, lo convertimos en el concepto de tiempo **. Pregúntate si ha ocurrido algo en tu vida que no haya sido en el Ahora. Pregúntate en todo momento en donde estás. La mente te dirá que sí existe algo fuera, pero imaginado; la Conciencia te dirá que siempre es Ahora. Escucha la serie Cómo ser Conciencia en Mente Desnuda podcast. Confundimos el Ahora con lo que ocurre en el Ahora. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí. Notas: [*] En realidad, todo lo que es es el Ahora, así que cambiemos un poco lo que acabo de decir. Lo que ocurre en el Ahora también es el Ahora, porque todo lo es. En el contexto de la oración, me refiero a la situaciones y circunstancias que han ocurrido, ocurren y que ocurrirán en este plano constante y posiblemente eterno. (Esta es mi mejor explicación, querido lector. Espero que me comprendas.) [**] El espacio-tiempo de la física es quizá un concepto distinto al que deseo expresar aquí. El espacio-tiempo es el espacio de cuatro dimensiones, cuyos puntos son los sucesos.

Los humanos son gobernados por imaginaciones | El poder y la trampa de la mente humana

¿Alguna vez te has preguntado por qué el ser humano actual, Homo sapiens, ha logrado sobrevivir y cooperar efectivamente como grupo por decenas de miles de años, y poder colocarse en la «cima de la pirámide» [1]? ¿En realidad somos una especie elegida por algún dios o entidad sobrenatural o sobrehumana, o por el mismo Universo, lo cual nos hace el «centro» de todo? ¿Por qué los humanos podemos cooperar en masas, digamos, miles de millones de personas, y las demás especies animales no pueden hacer lo mismo? ¿Somos tan especiales? Los humanos somos animales también, aunque hagamos todo lo posible por no aceptar este hecho. Estos animales humanos tienen un antepasado común con sus primos chimpancés que vivió hace aproximadamente seis millones de años, y un antepasado común con todo organismo biológico que surgió hace unos 3.8 mil millones de años. Estos preciosos humanos actuales simplemente evolucionaron como animales «insignificantes» hace aproximadamente 200,000 a 300,000 años. No surgieron de la nada; fue un proceso gradual (mira esta imagen y dime dónde comienza el color verde. De una forma análoga funciona la evolución: no hay un punto exacto de surgimiento para una especie. Tampoco hubo algo como el primer Homo sapiens, ya que ninguna especie puede dar a luz a otra especie distinta, al menos no en animales. De hecho, nunca hubo tal cosa como una primera especie de cualquier género o familia: nunca hubo un primer humano, mono, perro, gato, gallina, etc. —el caso de la mula es un tema aparte—. Pero esto ya es otro tema). Hasta hace poco se creía que Homo sapiens vivía en una esquina de África [2], sin interesarse por explorar el mundo, o por crear un mundo capitalista y consumista para ellos. Nuestra especie, Homo sapiens, no ha sido la única especie humana que ha existido. Han habido varias a lo largo de la historia y prehistoria. Sin embargo, y modestia aparte, estas otras especies humanas nunca viajaron a la Luna, nunca pudieron crear una red mundial interconectada, nunca crearon algo parecido a Internet, y nunca crearon la pizza. Como es de conocer, nosotros, Homo sapiens, gracias a la evolución y selección natural, poseemos capacidades cerebrales y mentales distintas a las demás especies que existen en el planeta. Hace aproximadamente 70,000 años, todo comenzó a cambiar en nuestra cognición, y fue el nacimiento de lo que hoy llamamos historia. (Aunque muchos historiadores prefieren llamarle historia al momento en que nos asentamos y comenzamos a construir las sociedades complejas en adelante.) Fue la revolución cognitiva. Pudimos expandirnos por todo el globo terrestre y todas las tierras que conocemos hoy día. Fue la puerta para darle paso a lo que habita en nuestra imaginación, y en el mundo, en estos momentos. Lo interesante es que no se sabe qué fue exactamente lo que causó este evento. Una teoría es que fue causa de una mutación genética accidental, la cual cambió cómo estaba formado y conectado nuestro cerebro [3]. A esto, como dice Yuval Noah Harari en su libro Sapiens, podemos llamarlo la mutación del árbol del saber. Gracias a este evento estás leyendo esto, y pudiste conocer a tu match de Tinder. Sin embargo, con solamente poseer una capacidad cognitiva «mayor», por sí sola, no es suficiente para hacer que millones o miles de millones de personas funcionen efectivamente, o para haber tomado el «control» del mundo. De hecho, tener una capacidad cognitiva mayor nos hace muy destructivos y peligrosos: pudo (y todavía puede) haber causado nuestra propia destrucción y la de muchas otras especies. Solamente pensemos en algo simple: una bomba nuclear. ¿Por qué, entre nosotros, no nos hemos disparado aún con esas bombitas? Para poder haber sobrevivido como especie tuvimos que haber creado algo más allá. Investigaciones científicas han indicado que los humanos actuales podemos funcionar efectivamente como grupo de hasta aproximadamente un límite de 150 individuos. A esto se le llama el número de Dunbar, y la teoría fue propuesta por el antropólogo británico Robin Dunbar. Después de ese límite, comenzamos a funcionar de una manera mucho menos efectiva y eficiente. Entonces, volvemos a lo mismo, si solo podemos funcionar eficiente y efectivamente hasta ≈150 individuos, ¿cómo es posible que los países, las naciones y sociedades antiguas y modernas de más de 150 individuos, o mejor dicho, de millones o miles de millones, puedan vivir y funcionar juntas… por varios miles de años? Hagamos algo. Imagina amontonar a 10,000 de nuestros primos chimpancés en un estadio de fútbol. Lo más probable es que veas el desorden más grande que jamás vayas a presenciar en tu vida. Los chimpancés sí pueden cooperar juntos en grandes grupos, al igual que las hormigas y abejas. Sin embargo, llegaría una cantidad límite para que los chimpancés ya no puedan seguir funcionando efectivamente. Por lo tanto, en el estadio repleto de chimpancés, seremos testigos de sangre, peleas y conflictos a muerte. Ahora cambiemos esos 10,000 chimpancés por Homo sapiens viendo un partido del Real Madrid, o escuchando al papa Francisco. Ya puedes imaginar cierta diferencia entre nosotros y los chimpancés dentro del estadio. Es en nuestra habilidad de poder funcionar colectivamente lo que nos hizo «dueños del mundo» —dice el ego. El poder que reside en nuestra imaginación Volvamos al dato anterior: 150 individuos, aproximadamente. ¿Qué hace que podamos superar ese límite y cooperar efectivamente sin que haya una catástrofe como la de los chimpancés o la bombita atómica? La respuesta es: mitos, ficciones y realidades imaginadas. Las demás especies animales viven en una sola realidad: la realidad objetiva. Viven en el mundo de los árboles, montañas, ríos, tierras y mares. Nosotros también vivimos en esa realidad objetiva… pero «por encima» —o por debajo, o al lado...— de esta realidad generamos otra capa adicional. Esta realidad es ficticia e imaginada gobernada por entidades ficticias e imaginadas. Le podemos llamar la realidad imaginada o realidad subjetiva (intersubjetiva) imaginada. Ahí está la clave. Definamos qué es un mito. Un mito es una historia que nos contamos entre nosotros mismos, y que vive solamente en un lugar muy especial: la imaginación. Un mito puede convertirse en un hecho si se realizan las observaciones necesarias y se consiguen pruebas suficientes para confirmarlo. Sin embargo, en el caso de los mitos que utilizamos para funcionar como colectivo, son historias que no es posible confirmar como hechos de esta realidad objetiva. Ahora definamos qué es una ficción. Una ficción es una cosa o suceso inventado producto de la imaginación. Estas ficciones son realidades pero imaginadas que residen en la capa adicional que genera nuestra mente. Los mitos y las ficciones no necesariamente son mentiras o cosas malas. Simplemente significa que residen solo en nuestra imaginación. Una mentira sería decirte, si me encuentro contigo, que tienes una araña en la cabeza cuando sé que no hay ninguna. No hay duda de que hay mitos y ficciones que generan conflictos y hasta la muerte; otros son inofensivos, efectivos y hacen el bien. Los mitos y las ficciones creados por la mente de Homo sapiens son lo que han hecho al humano poder cooperar efectivamente en grandes grupos a lo largo de la historia, desde nuestros ancestros de hace 30,000 años, pasando por el comienzo de la civilización hace unos 12,000 años —en la revolución agrícola—, hasta el día de hoy. En otras palabras, nuestra imaginación ha sido de los papeles más importantes para que nuestra especie haya podido sobrevivir durante todos estos milenios (obviamente, no es lo único, ni lo esencial. No obviemos a la selección natural y evolución, y a los instintos evolutivos que nos hacen sobrevivir y reproducir). Y como veremos, millones de personas reconocemos que son solo ficciones y mitos, pero, aun así, seguimos utilizándolas. No importa si es una ficción, un mito o algo objetivo. Pero, ¿qué tipo de mitos, ficciones y realidades imaginadas generamos? Además de mitos y ficciones inútiles como los de Freddy Krueger, el «chupacabras» o los vampiros [4], están los mitos, las ficciones y realidades imaginadas siguientes: el dinero, las leyes, las naciones y los países, los dioses y diosas, las almas y los espíritus, los derechos humanos, las compañías y corporaciones, las marcas comerciales, las religiones, los partidos políticos, las ideologías, los equipos deportivos y muchas otras. Te apuesto a que si te digo que localices alguno, los confundirás con algo objetivo, y pases a decir que sí existen. «Míralos, Juny, ahí están, ¿es que eres fucking ciego?», me dirías. Y es que esos mitos, ficciones y realidades imaginadas, incluyendo a nuestro «yo», los refugiamos con algo objetivo, como veremos más adelante. Repasemos un poco. ¿Por qué todos esos ejemplos son mitos, ficciones y realidades imaginadas? Porque solamente viven dentro de nuestra imaginación. Antes de continuar hacia los diferentes ejemplos, quiero que observes y seas consciente de cómo la mente te puede hacer confundir algo objetivo con algo subjetivo o imaginado. Probablemente hemos estado confundiendo ambas realidades sin darnos cuenta. Pedazos de tierra y líneas imaginarias Una de las ficciones, y uno de los mitos más contados entre nosotros, son los países o las naciones. Y lamento decirte que el país que tanto amas y consideras como una parte de ti... no existe en esta realidad objetiva. Un país o nación es un nombre (un nombre también es una ficción) que le damos subjetivamente a cierta porción de tierra para identificarla. Esta cierta porción de tierra la eligen, o eligieron, ciertos humanos, y se trazan líneas imaginarias para dejar saber que hasta ahí llega el país o nación: la ficción. La ficción se vuelve más confusa cuando pensamos en islas. Estarías diciendo que una isla es una porción de tierra que nosotros no pudimos trazarle la línea imaginaria porque ya está rodeada de agua. Y es totalmente cierto. ¡Ves! Ahí ya estamos reconociendo a la realidad objetiva. ¿Puedes reconocer que esa porción es eso mismo? Una simple porción de tierra emergente rodeada de agua. A esa porción —o porciones— de tierra la identificamos con un nombre. Y cuando la identificamos con un nombre, se convierte en la ficción. Cuando viajas a algún país, no puedes ver la nación o al país, aunque la mente te diga que ahí está —es imposible—. Te encuentras con cosas de la realidad objetiva: humanos, animales, edificios, tierras, árboles, montañas, ríos, carros, pedazos de papel con caras dibujadas, pedazos de tela con colores, etc. Pero, ¿poder ver la nación o el país? Imposible. El cerebro recibirá señales no habituales, creará pensamientos a base de la convicción que te dirán que estás en otra parte diferente a tu entorno regular —que desde luego lo estás—: los humanos se dejan llevar por costumbres y normas distintas a lo que tu cerebro está acostumbrado a observar; los humanos se cuentan historias distintas entre ellas, y viven bajo esas historias; el sol «se pone» y «sale» más pronto o más tarde que en mi país; la estructura de la sociedad está construida de una manera distinta a mi tierra; hay animales atrapados desde hace millones o decenas de miles de años en esa porción de tierra porque no pueden vivir en otro entorno por cuestiones evolutivas y geográficas [5], etc. Te estás encontrando con seres individuales y cosas individuales. Te encuentras con otro pedazo de tierra o mar. Te encuentras con la realidad objetiva. Imagínate que realizas un viaje en el tiempo hasta hace aproximadamente 16,000 años, cuando los humanos comenzaron a pisar América. Podías pasar de lo que hoy llamamos Estados Unidos a lo que hoy llamamos México, pero con la única diferencia de que te ibas a sentir en el mismo lugar: pisando tierra y tierra y tierra [6]. Ahora, viaja más hacia «atrás», hasta 23,000 años. Habrías podido pasar de lo que hoy llamamos España a lo que hoy llamamos Portugal, y habrías sentido que solamente estabas pisando tierra, como lo hiciste en América. Nunca habrías podido observar las líneas imaginarias que hacen dividir un pedazo de tierra... y todavía no puedes verlas. Pero esas líneas imaginarias generadas por nuestra imaginación las podemos refugiar en esta realidad objetiva: fronteras en forma de construcciones, por ejemplo, para saber que hasta ahí llega la ficción en forma de nación, país o pueblo. Pero en el mismo momento en que cruzas una nación, país o pueblo, te sentirás de la misma forma que hace 5 metros de distancia, en el mismo pedazo de tierra. Sin embargo, solamente la mente e imaginación te harán creer que estás en otro lugar completamente distinto al que estabas hace 5 metros de distancia. ¡Es el mismo fucking pedazo de tierra! Hablemos de las banderas. ¿Qué es una bandera? Te tengo una respuesta muy amigable: una bandera es un pedazo de tela que carece de un valor intrínseco. Pero a este pedazo de tela carente de valor intrínseco le atribuimos una historia que nos contamos los unos a otros: este pedazo de tela representa una porción de tierra, y este pedazo de tierra representa otra ficción. Le das este pedazo de tela a un chimpancé y habrán altas posibilidades de que se limpie el culo cuando termine de defecar, o quizá la rompa en pedazos. Incluso yo también puedo hacerlo, y lo haría si fuera necesario [7]. Sin embargo, le das este pedazo de tela a un Homo sapiens, diciéndole que representa la historia de los sacrificios, luchas y logros de las personas y cosas que han vivido ahí; se dirigen hacia ti, y te dicen que tú eres parte de esa historia, y debes defender y creer en la ficción —ya que sería una falta de «respeto» hacia los Homo sapiens de tu alrededor o del pasado el no hacerlo—. Y muchas otras historias que nos contamos entre nosotros mismos. Ahí el cerebro y la mente hacen su trabajo: ya el Homo sapiens no vería un simple pedazo de tela que carece de valor intrínseco, ahora mira una ficción gracias a las historias que nos hemos contado. El humano a mi lado también cree en la nación y bandera, y por lo tanto, no nos podemos hacer daño porque tenemos la misma creencia, creemos en la misma historia, mito y ficción. A diferencia del desastre de los chimpancés en el estadio de fútbol, el humano a mi lado y yo no vemos a otros humanos jugar con una pelota como tontos. Yo y los humanos a mi lado estamos viendo a nuestra nación o país jugar. ¡Y yo soy la ficción! ¡Yo soy mi país! Puerto Rico no existe, sino varias porciones de tierra rodeadas de agua. Estados Unidos no existe, sino una porción de tierra que determinamos que en esa área es Estados Unidos, y después de ahí ya no lo es. Al igual que con Australia, España, México, India, China, etc. La creencia en estas ficciones ha hecho varias cosas buenas, como formar relaciones amorosas y sociales entre los compatriotas, cooperar de una manera específica para poder llevar adelante «nuestra» ficción, unir a «sus» Homo sapiens cuando se celebran los juegos olímpicos y otros eventos, hacen que generemos compasión y empatía por las personas de «mi» ficción, hacen posible que celebremos juntos ciertos comportamientos e historias (costumbres y tradiciones, por ejemplo) que nos han marcado desde pequeños. Y muchas cosas que estas ficciones —junto a la ficción y mito que es la cultura— crean. Estas ficciones, sin embargo, pueden traer consigo, si no se reconocen como lo que son, una creencia que puede tornarse peligrosa: el nacionalismo. Y el nacionalismo puede traer consigo el nacionalismo extremo o chovinismo. Asesinaré y despreciaré a los Homo sapiens que no pertenezcan a dentro de esta línea imaginaria o pedazo de tierra, a los que no tengan costumbres y tradiciones igual, a los que no se cuenten las mismas historias (mitos) que nosotros. Voy a luchar por un ejercito que tiene intereses egoístas personales que se refugian en un súper ego, incluso si se tienen que destruir familias, niños y minorías por la causa. Pueden hacer que dos grupos de Homo sapiens que compartan distintas mitos se odien entre sí por sus diferentes creencias, culturas y costumbres; que el mundo entero viva en separación y conflicto, como lo vimos muy bien en el siglo XX. Aquí tenemos el primer ejemplo de mitos, ficciones y realidades imaginadas que nos hacen cooperar como colectivo de millones o miles de millones de personas, y que además pueden tornarse muy peligrosas. Lo más interesante de todo es que las naciones, los países y pueblos no existen en la realidad objetiva. Solo existen en nuestra imaginación. Más importante, en la imaginación colectiva de los Homo sapiens. Solo existen pedazos gigantes de tierra, montañas, mares, colinas, humanos, telas, etc. Eliminemos estas ficciones y estos mitos y no habría civilización... no habrías estado leyendo esto. Sin embargo, estas ficciones y mitos, por sí solos, no podrían funcionar en los grupos de millones o miles de millones de Homo sapiens. Las ficciones como estas necesitarían crear más mitos, ficciones y realidades imaginadas en los qué basarse si las personas pertenecientes a la misma no desean ver la destrucción, el conflicto, el caos y la sangre. El tipo de mito necesario Los chimpancés tienen y viven bajo sus «reglas». Los leones y tigres viven bajo sus «reglas». Las abejas y hormigas viven bajo sus «reglas». Y nosotros vivimos bajo las nuestras. Pero, a diferencia de nosotros, las demás especies viven solamente por reglas «creadas» por la selección natural. Nosotros, en cambio, tenemos reglas moldeadas por la selección natural, pero por encima de esa «reglas» naturales, generamos reglas adicionales para poder cooperar como colectivo de miles, millones y miles de millones de personas: las leyes. Pero antes de entrar a las leyes, veamos el poder de nuestra imaginación con un simple ejemplo. ¿Recuerdas el estadio de fútbol? Volvamos hacia él. Coloquemos a veintidós de nuestros primos chimpancés, digámosle lo que deben hacer, y démosle una pelota. ¡Que comience el peor juego de la historia! Los chimpancés quizá utilicen la pelota para pegarle, pero no para llevar diferentes reglas específicas que los humanos solo somos capaces de crear. Los chimpancés pueden patear el balón y, por suerte, anotarla dentro de la portería. Nosotros, Homo sapiens, sin embargo, tendríamos en mente ciertas reglas (mitos): si hubo o no hubo fuera de juego, si la tocamos con la mano, si hubo falta, y otras decenas de reglas. Y no solo los humanos en el campo tendrán presente estos mitos, los humanos en las gradas también. Ahora, coloquemos a 100 bonobos en un supermercado para que hagan sus compras. Te recomiendo que, si eres dueño de un supermercado, no lo intentes —y si lo haces, por favor, escríbeme como te fue—. Hay altas probabilidades de que los bonobos destrozasen el establecimiento: comiéndose y dañando lo primero que miren, teniendo sexo en grupo, tirándose heces los unos a otros, etc. Nunca verás a los bonobos escogiendo deliberada y cuidadosamente los diferentes productos y alimentos, sin robar, en modo «debo comportarme bien», y luego haciendo la fila para pagar con unos papeles o un pedazo de plástico. Por ahora, solo los humanos podemos generar ciertas reglas para comportarnos de una manera específica dentro de un establecimiento como estos —aunque sería interesante ver cómo los humanos se tiran heces los unos a otros y tienen sexo dentro de un supermercado—. Pero, ¿en dónde podemos ver estas reglas? ¿en dónde residen? ¿de dónde vienen? Imagina que en un edificio con distintos Homo sapiens, que consideramos líderes de la ficción en donde vivimos, escriben sobre un pedazo de papel ciertos garabatos, o en una computadora varios ceros y unos, y tu cerebro y mente los leen. Ahora, los garabatos o la información binaria dicen que podemos tomar todo lo que deseemos del supermercado, a nuestro gusto y placer, y comportarnos de la manera que deseemos. Ahora, vayamos a un supermercado y observemos la magia y el poder que tienen ciertos garabatos, ceros y unos… pero en especial, los mitos. Las leyes simplemente son mitos necesarios que nos contamos, o nos cuentan, para poder comportarnos de maneras específicas, y poder llevar un orden entre Homo sapiens y el mundo. Pero no puedes encontrar exactamente qué es lo que dicta que las leyes sean así, no hay nada que diga que esto debe ser de esta manera [8]. Puedes, sin embargo, encontrar a las personas reunidas que dictan dichos mitos (dichas leyes); puedes ver las estructuras de construcción específicas (los edificios del gobierno); puedes leer ciertos garabatos que representan más mitos (la constitución); puedes ver los pedazos de papeles con tinta. Pero en la realidad objetiva nunca encontraremos una ley o una regla imaginada. Nunca nos encontraremos con una ley caminando a nuestro lado, y ni siquiera en los edificios en donde los humanos están creándolas. Solo en la imaginación; aunque expresada en papeles, edificios y humanos (lo objetivo). Como mencionamos, lo interesante es que los animales también tienen sus propias normas para poder convivir juntos. Pero no tienen un sistema creado por un cierto tipo de animales que dicten cómo hay que comportarse en manadas. Los demás animales, como mencionamos, están determinados por las leyes de la propia evolución. Nunca verás a moscas hembras formando una manifestación feminista enfrente del capitolio de moscas para que hagan un mito (ley) igualitario entre hembras y machos. Nunca verás a gatos formando un bufete de abogados para defender a los gatos Munchkin por discriminación. Tampoco verás a un grupo de bonobos formando unas elecciones democráticas para elegir a la próxima bonobo presidenta [9]. Solo los Homo sapiens poseemos esa capacidad para, más allá de las «reglas» de la evolución y selección natural, generar estas ficciones y mitos que residen «por encima» de la realidad objetiva para poder comportarnos de una manera efectiva. Ya las leyes y reglas imaginadas se han convertido en parte de nuestra psicología. Y hemos crecido para actuar de una manera específica a base de ciertos mitos creados por la imaginación y creencias de otras personas. Lo interesante es que las leyes y reglas (como las del fútbol) no existen realmente. Solo residen en nuestra imaginación, y más importante, en la imaginación colectiva de las otras personas. Trabajar para algo que no existe Si ahora mismo te pregunto si Google, Apple, Walmart u otra compañía o corporación existen en esta realidad objetiva probablemente me digas que sí: «claro, fui a Walmart ayer utilizando la aplicación Google Maps que tengo en mi iPhone». Permíteme cambiarte un poco tu perspectiva sobre este tema. Tú no puedes encontrarte con Google si estás caminando por la calle. Ni siquiera puedes encontrarlo físicamente en este planeta. Te reto a que lo hagas, en especial si vives en Mountain View, California, donde se encuentra la sede de la compañía. Pero con una sola regla: no se vale confundir la realidad imaginada con la objetiva. ¿Listo? ¡Vamos! Sí, puedes ver los pedazos de construcciones (edificios) en donde opera esa compañía… pero eso no es Google. También, puedes ver el garabato colorido (logo) de Google en cualquier lugar, en Internet, la televisión, billboards, aplicaciones móviles, etc.... pero eso no es Google. Puedes ver su página web tan única y legendaria... pero eso no es Google. Puedes ver los carros que trazan las carreteras de los mapas electrónicos, y los productos físicos que hace la compañía... pero eso no es Google. Estás viendo la realidad objetiva: construcciones, garabatos, colores, redes inalámbricas, aparatos tecnológicos llamados televisores que transmiten imágenes (televisión), billboards, teléfonos móviles, carros y humanos. Todos esos ejemplos son cosas de la realidad objetiva en donde la realidad imaginada de Google se esconde. Pero a Google en sí no puedes verlo, es imposible. Hagamos algo interesante. Con el poder que me ha conferido esta computadora en donde escribo estos ceros y unos, me haré jefe de la compañía. Ahora, despediré a todos los empleados de la compañía... pero Google seguirá de pie. Derrumbaré todos los edificios con todos los ejecutivos y gerentes adentro... pero Google seguirá de pie. Tomaré todos los productos tipo hardware de Google, los destruiré hasta convertirlos polvo, los enviaré a la galaxia más cercana, Andrómeda… pero Google seguirá de pie. Sin embargo, un juez puede tomar su bolígrafo, escribir un garabato sobre un papel, crear su magia poderosa —la misma que utilicé yo—… y hacer que Google desaparezca. Aunque las personas que trabajaban para Google sigan existiendo, sigas viendo el logo, los edificios sigan intactos, y todos los productos físicos de Google sigan funcionando y existiendo. Pero Google ha desaparecido. Gracias a las ficciones anteriores —las leyes y reglas imaginadas— y a las órdenes judiciales, se pueden crear o eliminar ficciones como lo son las corporaciones y compañías, como lo es Google, Walmart y Apple. Los abogados se refieren a las compañías como Google con el nombre de ficción legal. No existen en el mundo físico de la realidad objetiva, pero sí como entidades imaginadas legales no humanas que pueden ser procesadas legalmente como si fueran humanos reales. Pero no siempre fue así. Utilicemos el mismo poder autoconferido, y viajemos en el tiempo hacia el siglo XIX. Si yo creaba una compañía de carros, todo lo que le ocurriese a las personas que compraban mis productos, la responsable tenía que ser la persona dueña de la compañía, en este caso yo, y no solamente a la entidad ficticia legal, como lo es hoy día. Yo habría tenido que pagar las multas, responder a las acusaciones y demandas, etc. Probablemente habría tenido que vender a uno de mis hijos al servilismo. No fue hasta que los sistemas legales (o grupos de Homo sapiens contando mitos) decidieron tratar y procesar a las compañías y corporaciones aparte, sin tener que perjudicar al propio individuo, en este caso mi persona, que el mundo cambió en uno de sus aspectos. Así es como nuestra economía pudo prosperar, creando más y más ficciones legales, utilizando todos los recursos primos, contaminando el ambiente con los productos... y nuestra ecología comenzó a destruirse poquito a poco. Las compañías y corporaciones no existen en esta realidad objetiva. Solo existen en nuestra imaginación. Y más importante, en la imaginación colectiva de las personas. Cuando vayas de camino hacia tu trabajo, puedes decirle a las personas que irás a trabajar para algo que no existe realmente, y ganarte la vida mediante algo que no existe realmente, como veremos a continuación. Ellas te mirarán como si fueras algo raro, pero tú continúa. Sin embargo, esta creencia en ficciones legales no podrían funcionar sin otra cosa importante, como te darás cuenta. Dinero, money, cash... y guineos Aclaremos qué es el dinero. Dinero es todo aquello que pueda intercambiarse como un pago de bienes, servicios, deberes u obligaciones, etc. [10]. Su origen etimológico viene del vocablo latino denarius: el nombre de la moneda que utilizaban los romanos. Mi cuerpo puede ser dinero, la manzana que tengo en la nevera puede ser dinero, la flor que recoja en el bosque también pudiera serlo. ¡Hasta mi conocimiento pudiera ser dinero! Pero para propósitos de este blog, con dinero me referiré a la primera imagen que nos viene a la cabeza cuando escuchamos la palabra: moneda, papel o transacción electrónica (nótese que las tres residen en la realidad objetiva). El dinero universal actual es una historia inventada basada en la confianza de las personas. Para mí, este tipo de dinero es la ficción, el mito y el sistema imaginado más efectivo de todos los tiempos. Todos podemos cooperar de una manera efectiva cuando se encuentra esta ficción y mito en medio. No me creas a mí, solamente entra a un restaurante, donde unos humanos manejan la comida de otros humanos, y observa cómo se comportan. No todo el mundo cree en las leyes. No todo el mundo cree en dioses o diosas. No todo el mundo cree en partidos políticos, ideologías y religiones. No todo el mundo cree en las naciones y países... Pero todo el mundo cree en el dinero. Y no es que creas, es que tienes que creer, o hacer que crees, para que puedas sobrevivir en el sistema en donde vives ahora mismo. El dinero que conocemos hoy es la invención más importante. Este dinero es universal, y su invención fue hace aproximadamente 5,000 años. En la antigüedad no «existía» como dinero la moneda o el pedazo de papel sin valores intrínsecos; casi todo era intercambio de bienes y servicios. Tú me das una cantidad de tu siembra y yo te limpio los zapatos. Tú me das una cantidad de peces y yo a ti te doy pollos. Luego, el primer dinero universal que existió, hasta ahora, fue la cebada sumeria, una planta de cereal [11]. Todo el mundo utilizaba la planta como unidad de dinero. Pero aquí surge un problema con este tipo de dinero. ¿Qué pasa con las plantas? Se mueren o pudren con el tiempo si no se utilizan mientras no están en el suelo fértil, los ratones y otros animales se la pueden comer, y es un poco complicado transportar grandes cantidades —solo imagina a alguien entrando por la puerta del supermercado con la exageración de plantas sobre su espalda para poder pagar lo que consumimos hoy—. Había que utilizar la imaginación y resolver todos estos problemas. Por consiguiente, gracias a las relaciones políticas, sociales y económicas, pudimos cambiar el sistema de juego. Y, hasta ahora, todo comenzó en Mesopotamia. El avance que cambió la historia fue cuando las personas comenzaron a creer y confiar en el tipo de dinero que no contenía algún valor intrínseco. Aunque era mucho más fácil de guardar, mantener y transportar. Ese tipo de dinero sin un valor intrínseco que cambió la historia fue el siclo de plata, alrededor del año 3,000 a.e.c. De ahí que también hayamos creído en el oro, la plata y el papel como formas de dinero. Ahora el dinero no me lo comen los ratones y demás animales, puedo tenerlo años guardado, sin uso, y no se pudre; puedo llevar menos cantidad de siclos de plata en comparación con la planta de cereal, pero con más valor. ¿Cómo pudo haber surgido esta creencia peculiar? Se me ocurre una idea especulativa, y digámosla rápido en pocas oraciones. Soy el emperador de un gran imperio. Tengo un imperio con cientos de miles de soldados. Los soldaditos matan. Las personas deben respetar al emperador, a mí. Si no, llamo a los soldaditos para que las asesine por falta de obediencia. Les digo que este pedazo de metal ahora es universal y representa mi poder imperial. Decir o hacer lo contrario conlleva a la muerte. Si es un trozo de papel o metal, y tiene mi bella cara en él, o la de cualquier otro rey o reina, la persona sabrá lo que le espera, así que debe creer que el papel con mi cara tiene valor —te estoy viendo, ¡recuerda mi cara plebeya!—. Todos respetan al rey, creen en el rey, en mí, así que si digo que crean en el papel porque creen en mí, lo harán. Y así pude presentarle este pedazo de metal o papel a mis queridos peones y plebeyos. Sin embargo, un pedazo de oro, plata o papel carecen de un valor intrínseco. Tú no puedes comerte o beberte un canto de oro, plata o papel. Ni siquiera el gobierno puede crear armas efectivas de papel u oro. Solamente podemos confiar en él —en ese tipo de dinero—, creer que existe en realidad, en que tiene algún valor que nos hace cooperar de manera colectiva, y asignarle una cantidad de valor imaginado a las cosas. Pero ¿qué es exactamente lo que determina que el dinero en papel, oro, plata o electrónico haga que puedas comprar un par de zapatos, pero no puedas comprarlos con un racimo de guineo o plantas de cebada? Es mi confianza, acuerdo y creencia en él, y en que las demás personas también lo hacen. Creo en el dinero porque mi vecina cree en el dinero, el jefe de la compañía cree en él, el joven que me cobra en el supermercado también lo hace. ¡Todas las personas que conozco creen en este dinero! Entonces, yo también. El dinero existe porque todos creemos en él. Nos contamos historias como «las manzanas en mi nevera cuestan 3 unidades —o una, dependiendo de la unidad—», «el racimo de guineos cuesta cinco unidades», «los zapatos cuestan treinta». En un experimento realizado en mi cabeza, me imaginé a 3 científicos dándole a un chimpancé un pedazo de papel para que fuera y comprara un racimo de guineos. Es de suma importancia señalar que el chimpancé ignoró el pedazo de papel, se lo pasó por el culo, corrió hacia los guineos, los agarró y salió corriendo para comérselos afuera. Nunca el bendito chimpancé fue hacia el racimo, le dio el pedazo de papel a la cajera y salió como todo un buen miembro de la familia Hominidae. ¡Cuánta decepción al leer luego el experimento! Los animales pueden intercambiar cosas con un valor intrínseco como «yo te doy un guineo, y tú me das un melón», «tú me rascas la espalda, y yo la tuya». Y nosotros también podemos, ¿quién dijo que no? Pero ellos no te aceptarán un pedazo de papel o una transacción por Paypal por un racimo de guineos, como lo pudimos notar en el experimento. Solo nosotros poseemos, hasta ahora, esa capacidad cognitiva de darle un valor imaginado a un papel. La creencia en el dinero es súper útil e importante. Podemos lograr muchas cosas. Puedo hacer que unos completos extraños, que hace 30,000 años me habrían asesinado, me construyan una piscina detrás de mi casa… ¡hasta los dejaría hacer sus necesidades en el baño! Puedo hacer que un completo extraño me haga una cirugía a corazón abierto para poder salvarme. Puedo hacer que mis hijos coman y tengan un techo, y que yo también coma y tenga uno. Puedo donarlo a organizaciones caritativas para que ayuden a otros Homo sapiens niños. Podemos, sin embargo, lograr más cosas con el dinero. Esta creencia en esta ficción y mito ha hecho que personas vivan intranquilas y enfermas por inestabilidad económica. Ha hecho que personas se quiten la vida por perder grandes fortunas. Ha hecho que familias vivan en la miseria. Hace posible la compra de cualquier psicópata para que asesine un enemigo, o a alguien que esté ganando más poder de los que tienen el «poder». Hace que las personas coloquen sus vidas al borde de la muerte. Aunque, en realidad, este dinero no es tan importante para el ser humano; por sí mismo no puede hacer nada. Es nuestra creencia en él: cómo nos hace confiar los unos a otros, cómo nos hace comportar. El dinero puede ser muy útil y peligroso a la misma vez, al igual que las demás creencias en ficciones. Sin embargo, el dinero es la ficción más importante, hasta ahora, para el ser humano actual... aunque no exista en esta realidad objetiva y solo en nuestra imaginación. Pero más importante, en la imaginación colectiva de las personas. El día en que todo el mundo deje de creer en el dinero actual —cosa que probablemente no suceda, por lo menos no hasta unos largos siglos—, la historia cambiará, el sistema cambiará, el estilo de vida de las personas cambiará. Como lo hizo cuando dejamos a un lado el intercambio de plantas de cereales. ¿Pero ha sido el dinero lo más impactante en las vidas de los humanos modernos a lo largo de la historia? ¿Es el dinero la única creencia ficticia que impacta la vida de las personas en la modernidad? Al igual que el dinero, hay más entidades invisibles y ficticias que han estado presentes en nuestro mundo por un largo período... gracias a las historias que nos contamos, gracias a los mitos. Mi dios es más real que el tuyo Las entidades sobrehumanas y sobrenaturales han sido de las ficciones y realidades imaginadas que, mediante mitos, más duración han tenido a lo largo de la historia. Desde la creencia en que un árbol tiene su propia alma (animismo); pasando por los dioses de los griegos, romanos y vikingos (politeísmo); hasta la creencia dominante de hoy, la de que un dios personal me vigila y, como una cámara de seguridad desde algún lugar más allá del Universo, sabe todo lo que hago y pienso (monoteísmo) [12]. Los dioses y diosas son ejemplos de entidades imaginadas sobrehumanas e invisibles las cuales residen más allá, o dentro, del Universo. Son los «causantes» de las lluvias, la buena fortuna, la furia de la naturaleza, de nuestra buena y mala suerte, de todas las muertes y nacimientos, del movimiento de los átomos, las leyes del Universo, de que mi ex la esté pasando mal... en fin, de todo, menos de las acciones que tomamos mediante nuestro ilusorio libre albedrío. Si yo hago algo mal, Dios me castigará. Si yo hago algo bien, Alá me recompensará. Entonces hay que portarnos bien para que Dios o Alá o Brahma o Siva no nos envíen al infierno cuando mi cerebro deje de funcionar, cuando muera. Para conocer un poco el poder de la imaginación que el cerebro de Homo sapiens hace posible, veamos brevemente algunas de los diferentes tipos de creencias que se han llevado a cabo a lo largo de la historia, y cómo fueron evolucionando. Animismo Antes de la creencia en muchos dioses o uno solo, existía el animismo [13]. No solo los humanos poseían algún valor superior a todas las demás especies, tampoco éramos los únicos que poseíamos un alma y sentimientos, sino que todo era parte del todo, todo poseía valor, voluntad propia, sentimientos y un alma. Los árboles poseían un alma, también los zorros, el agua y toda la creación; había que respetarlos y tratarlos por igual, rendirles tributo, independientemente de que fuera una roca gigante que cayó encima de mi casa porque hubo un derrumbe en la montaña a causa de un temblor. La roca así lo quiso, ya que la semana pasada tiré una piedra al lago, se ahogó, y su familia la estaba defendiendo. Ahora tendré que disculparme con ella, adorarla y ver la televisión juntos. Así todos podíamos vivir en armonía, orden, justicia y sentido. Politeismo Luego del animismo llegó la creencia en que no todo podía tener su propia voluntad; no podría ser así. Las lluvias no ocurrían porque las nubes con alma así lo querían, o por los cambios en la presión y temperatura, sino porque un dios o diosa lo debía estar causando, ya sea por furia o bendición. Ya la roca gigante no cayó encima de mi casa porque así lo quiso, sino porque un dios así lo quiso, ya sea por furia o bendición. ¡Ya no podré ver la televisión con Gustavito, la roca! Y así mismo con los otros eventos de la naturaleza y el Universo. El Universo era llevado a cabo por diferentes dioses y diosas. Unos dioses se encargaban del mar, otros del sol y la medicina, otros de la guerra y otros de la belleza y el amor. El orden entre los Homo sapiens surgía cuando escogían a su dios favorito, y todas sus buenas o malas obras eran dedicadas a su dios o diosa favoritos. Hasta ahora, los registros nos señalan que todo esto comenzó a ocurrir hace aproximadamente 5,000 años [14]. Monoteísmo Luego, algunos de los seguidores de los dioses politeístas se enamoraron demasiado de su dios favorito y, por consiguiente, poco a poco se apartaron de la creencia politeísta. Su dios elegido o favorito era el único dios de todo el Universo. Había comenzado la revolución monoteísta. En Egipto, alrededor del año 1350 a.e.c., el faraón Akenatón creó lo que hasta ahora se conoce como la primera religión monoteísta. Akenatón declaró que el dios Atón [15] era el único poder supremo que gobernaba todo el Universo, e intentó detener los demás cultos que adoraban otros dioses. Después murió y volvieron al politeismo. Pero después de ese después fue historia, ¿entiendes? Las personas, con el tiempo, decidieron dejar de creer en muchas entidades sobrehumanas y sobrenaturales para comenzar a creer en una sola deidad: Dios o Alá, Brahma, Siva, etc. La creencia religiosa monoteísta se convirtió en la orden del día, hasta el día de hoy. (En estos últimos 2,000 años nos han lavado el cerebro con tanto monoteísmo, que han hecho que consideremos el politeísmo y el animismo como algo ignorante o ingenuo. Pero del mismo modo que el politeísmo y animismo, muchas religiones monoteístas coquetearon con ideas politeístas y animistas: miles de santos que velan por las cosas y por mí, ángeles que nos cuidan en todo momento, almas, espíritus, etc. Las religiones monoteístas le deben mucho al politeísmo y animismo.) Por lo tanto, insertamos en esa realidad imaginada la idea de un solo dios que nos da orden y sentido a nuestras vidas. La pregunta es, ¿existen en esta realidad objetiva? Lamentablemente, o afortunadamente, no [16]. Solo residen en nuestra imaginación. [17] Los dioses y las diosas no existen en esta realidad objetiva, pero los refugiamos aquí: mediante mitos que no pueden ser probados; en una construcción de cemento o madera que llamamos iglesias, templos, mezquitas, etc.; en unas hojas de papel y tinta con garabatos replicados y mutados desde hace miles de años; en ondas de voz que generan los Homo sapiens llamados sacerdotes, chamanes, líderes religiosos, etc.; en imágenes y cuadros hermosos con pintura; en estructuras repletas de artes impresionantes; en figuras construidas de madera, piedra y otros materiales. Y como esos mitos y realidades imaginadas los hemos representado aquí a lo largo de milenios, generación tras generación, meme tras meme, nuestro cerebro piensa que existen en realidad. La creencia en un dios no es mala, ni buena; eso depende del Homo sapiens que la adopte en su cerebro. Cualquiera es ¿«libre»? de adoptar su propia creencia. La creencia en un solo dios ha unido a miles de millones de personas a lo largo de la historia. Imaginemos el estadio de fútbol con los chimpancés, y en el centro del estadio se encuentra el papa dando una misa. ¿Qué crees que le pasaría al papa? ¿Qué piensas que ocurrirá en las gradas? Ahora imaginemos lo mismo, pero con humanos a su alrededor. Los dioses han hecho que la vida de muchas personas tengan sentido en cada momento. Los dioses han privado a muchísimas personas de quitarse la vida. El dios Sobek hizo que los Egipcios construyeran el lago Fayum, ya que todos pensaban que el faraón era Él mismo encarnado gobernando el imperio. Y muchísimas otras cosas. Los dioses han unido a la humanidad. Además, los dioses han hecho que se mataran entre diferentes miembros de distintas religiones, e incluso de la misma religión, como fue el caso del cristianismo entre católicos y protestantes. Los dioses han hecho que los papas organizaran las cruzadas porque era un mandato asesinar a los infieles y paganos. Han hecho que atraquemos y matemos a extranjeros, robándoles sus pertenencias y conquistando sus tierras, como el caso de los vikingos. Los dioses han hecho que se derrumben torres en una mañana común, ya que fue un mandato, como en el caso del Islam. Han hecho que humanos con diferentes creencias se odien y repugnen los unos a otros por no poseer los mismos parásitos. Y muchas otras cosas que han realizado los dioses de las religiones monoteístas y politeístas. Los dioses han unido pero también separado a la humanidad. Podrías estar diciendo que los dioses no han hecho todo esto, sino los humanos. Y es cierto. Pero hoy día también decimos habitualmente que Estados Unidos creó la primera bomba nuclear, que Amazon explota a sus trabajadores y que el dinero cambia a las personas. ¿Por qué no decir, aunque sea por decirlo, que los dioses han causado todo esto? Al fin y al cabo estamos hablando de mitos, ficciones y realidades imaginadas. Lo interesante es que los dioses, espíritus, almas, ángeles, santos y religiones no existen en esta realidad objetiva, solo residen en la capa que generamos por encima: la realidad imaginada. Pero más importante, en la imaginación colectiva de los Homo sapiens. Si no diferenciamos la realidad objetiva de la imaginada, y tampoco reconocemos cuando nos encontramos en una de ellas, podríamos volver a presenciar un acto como el 9/11. Diferenciar las realidades ¿Cómo podemos diferenciar las realidades? Imagina un trozo de piedra. Puedes notarla, observarla, sentirla y probablemente hasta olerla y degustarla —aunque no te recomiendo mucho la última opción—. Cuando tomas la piedra en tu mano, notas que no puede hacer nada; no puede invocar una furia o bendición sobre ti, y tampoco puede hacer algo por ti a su voluntad a menos que lo imagines. Es un simple saco de átomos y moléculas en su forma estable. Es la realidad objetiva. Enfrente de mí hay una mini estatua de piedra que representa a Siddhartha Gautama meditando. Mi cerebro puede observar que es un simple trozo de piedra, también. Pero esta vez nota algo distinto: una forma humana, una figura histórica que ha representado algo importante para muchas personas. Ahora, digamos que soy un budista principiante —que no lo soy, aunque he traído mucha filosofía budista a este blog—. Quizá mi cerebro deje de observar solamente la realidad objetiva (el simple trozo de piedra), y le dé la bienvenida a la realidad imaginada. Ya no es una piedra; ahora es Siddhartha, y puedo adorarla, pedirle y «sentir» la esencia de Gautama el Buda [18]. Ahora la piedra se ha convertido, o la he convertido, en algo más que un simple saco de átomos y moléculas en su forma estable. De algo que no puede hacer nada por sí, a algo con una esencia... y yo puedo conectarme y comunicarme con ella. Pasé de la realidad objetiva, a la realidad imaginada. Y si no tengo la suficiente consciencia conmigo en el momento presente, puedo confundir ambas realidades y comenzar el posible conflicto y separación. Imagina que estoy apegado a la realidad imaginada y a la imagen que el cerebro y la mente construyeron sobre la estatua, y no puedo diferenciar ambas realidades. En lugar de reconocer que es un simple saco de átomos y moléculas y nada más, ahora solo veo una esencia, algo sagrado. De momento, entra Hillary Clinton a mi cuarto, mira la piedra, la tira contra el piso y la estatua se rompe. Esta confusión de realidades hará creerle al ego que le han faltado a la moral, que es un acto inaceptable. ¡Cómo se ha atrevido a entrar a mi cuarto y, como si estuviera en su casa, romper “mis” átomos y moléculas en sus formas estables! Insultaré a Hillary y crearé enemistad con ella, no solo por su exceso de confianza, sino también, y más importante, por haber destruido el saco de átomos y moléculas en su forma estable. Ahora le «hackearé» sus emails para que pierda las elecciones. Pero los ejemplos «negativos», aunque demasiados, son una minoría en comparación con los «positivos» o neutrales. Ese simple saco de átomos y piedras en forma humana puede hacer que decenas de miles de personas se unan para meditar juntas, en lugar de funcionar deficientemente por culpa de nuestro límite de 150 personas, creando una unión y una vista agradable y hermosa para presenciar mediante nuestros ojos. Algo que decenas de miles de leones no podrían lograr. ¿Cómo diferenciar las realidades? Una forma para reconocer la realidad imaginada es ser consciente de cuando entran a escena los pensamientos en forma de mitos. Por ejemplo, ya no estoy mirando un papel —que es una forma estable de átomos y moléculas—, ahora noto en mi mente una historia que me dice que el papel vale, no uno, dos o tres, sino cinco manzanas. Otra forma, aunque un poco injusta, es comparar con las demás especies. Tres ejemplos: (1) darle un dólar a un chimpancé y observar su comportamiento; (2) decirle, de alguna forma, a un bonobo que nos regale su guineo para que se gane un lugar en el cielo de los simios; (3) por último, crear una línea imaginaria, sin ninguna construcción física, y multar al león que la cruce [19]. Algunas formas para reconocer la realidad objetiva sería mediante el pensamiento lógico, la observación y lo empírico, la consciencia y/o el estudio. Un ejemplo es ser consciente que frente a mí no está Siddhartha o su esencia, sino un trozo de piedra con el molde de un humano, y reconocer que las piedras no pueden hacer nada más que lo que las leyes de la física y química (del Universo) dicten. Otra forma, y esta vez para reconocer si es solo un mito de la sociedad o cultura, es, como dice Yuval Noah Harari en su libro Sapiens, utilizar «la regla empírica: "La biología lo permite, la cultura lo prohíbe". La biología tolera un espectro muy amplio de posibilidades. Sin embargo, la cultura obliga a la gente a realizar algunas posibilidades al tiempo que prohíbe otras. La biología permite a las mujeres tener hijos, mientras que algunas culturas obligan a las mujeres a realizar esta posibilidad. La biología permite a los hombres que gocen del sexo entre sí, mientras que algunas culturas les prohíben realizar esta posibilidad.». [20] En estos momentos, estoy leyendo La magia de la realidad de Richard Dawkins —uno de mis autores favoritos—. En el primer capítulo, habla sobre cómo podemos reconocer la realidad objetiva. Dice que «tenemos tres formas de saber si algo es real. Podemos detectarlo directamente utilizando nuestros cinco sentidos; o indirectamente utilizando nuestros sentidos con la ayuda de instrumentos especiales como los telescopios y los microscopios; o incluso de forma aún más indirecta, creando modelos de lo que podría ser real y después probando dichos modelos para ver si predicen cosas que podemos ver (u oír, etc.) con o sin la ayuda de instrumentos. En definitiva, de una u otra forma todo depende de nuestros sentidos.» Ahora, ¿qué ocurre con nuestros sentimientos y emociones como la ira, la alegría, los celos y el amor? ¿Existen en esta realidad objetiva aunque no podamos verlas? Bueno, sí; podemos sentirlas y experimentarlas y ser conscientes de ellas. Esto dependiendo de la forma individual, como algunos organismos vivos. Nosotros, Homo sapiens, somos una de las especies que podemos experimentar emociones y sentimientos —en esta lista quizá podemos incluir a las vacas, los chimpancés y los perros—. Las montañas, los ríos y las rocas no pueden hacerlo. El cerebro recibe una señal interna o externa, aleatoria o determinista, la transmite a nuestro cuerpo, se genera una reacción bioquímica (como un algoritmo), y experimentamos la emoción o el sentimiento. Ahora, no podemos ver la ira o la alegría experimentadas subjetivamente, pero sí lo que las hace posibles: mediante cascos o trajes de fMRI para observar el cerebro o el cuerpo, por ejemplo. En su libro, Dawkins continúa diciendo que «[...] estas emociones son intensamente reales para aquellos que las experimentan, pero no existían antes de los cerebros. Es posible que emociones como estas —y quizá otras en las que ni podemos soñar— puedan existir en otros planetas, pero solo si dichos planetas contienen también cerebros o algo equivalente a los cerebros [...]» [*] Y podríamos seguir diferenciando ambas realidades con más ejemplos: como con las ideologías y partidos políticos, los derechos humanos [21], marcas comerciales y personales, nombres, etc. Este es el poder de nuestro cerebro y mente, y la trampa que se puede generar al confundir ambas realidades. Sabemos que estamos confundidos cuando decimos que el dinero, los países y naciones, las leyes y reglas, las compañías y corporaciones y los dioses existen verdaderamente. Podríamos decir que existen, sí, sabiendo diferenciar x de y. El poder de lo natural Como mencionamos al comienzo del blog, muchas personas, cuando se les dice que están creyendo en mitos y ficciones, piensan que se les falta el respeto, o imaginan que son cosas malignas y brujerías, o que no tienen importancia. Pero ya vimos la importancia que pueden tener. Además, sentimos que se nos falta el respeto y nos sentimos atacados y ofendidos, ya que las ficciones están demasiado enterradas en las «profundidades» de la mente. Y nuestro «yo» ilusorio (ego), como sabemos, vive alimentándose de todos los pensamientos, no importa que sean mitos o simples creencias. Entonces, sentimos que nos están atacando personalmente. «¡Mi país no es una ficción; mi país existe realmente!», «¡Mi dios o diosa no es una ficción; mi dios existe realmente!», «¡Mente Desnuda no es una ficción; Mente Desnuda existe realmente!» Los mitos, ficciones y realidades imaginadas sí han tenido importancia a lo largo de la historia, a pesar de las atrocidades que se pueden cometer en sus nombres. Porque esas mismas ficciones que hemos generado nosotros, han controlado y ahora mismo «controlan» el mundo. Mientras todo el mundo crea en ellas, todos pueden obedecer, todos podemos vivir juntos y comportarnos de la misma manera. Nuestra capacidad de imaginar cosas nos ha hecho más efectivos para poder comunicarnos, no solamente dentro de esta realidad objetiva, sino también en la imaginada. Los demás animales y especies también son capaces de comunicarse, pero la única diferencia es que ellos solamente se comunican con cosas que realmente existen. Un chimpancé le puede comunicar a otro chimpancé que no vaya a ese lugar porque hay un tigre y puede morir. Pero no se dicen: «no robes los guineos de los demás chimpancés porque, cuando mueras, el dios Simio te castigará y arderás en el infierno». Somos la única especie, que sepamos hasta ahora, que ha tenido «éxito» gracias a que podemos conducir nuestras vidas a base de elementos que no existen en la realidad objetiva. Quién diría que hace aproximadamente 13.5 mil millones de años todo iba a comenzar, y quizá de nuevo. Quién diría que desde hace 3.8 mil millones de años las réplicas de una molécula madre han estado recorriendo un largo viaje, pasando por todos tus ancestros, hasta formarte a ti. Quién diría que esta capacidad cognitiva que nos hizo posible ir más allá de nuestro planeta, de donde ninguna otra especie ha podido hacerlo, ocurriría gracias a causas anteriores hermosamente naturales: por una simple mutación en nuestro ADN. Quién habría podido pensar que todo este proceso de miles de millones de años, tan objetivo, tan real, tan natural, fuera capaz de crear algo tan objetivo y real como lo es nuestro cerebro. Para así, este último generar un sentido subjetivo y único que no podemos ver o localizar por ninguna parte: nuestra mente y consciencia [22]. Y estas dos ser capaces de crear una realidad completamente imaginada, incluyendo a nuestro sentido ilusorio del «yo». ¡Quién diría que Homo sapiens depende de dos realidades! ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí. Agradecimiento: Me inspiré a crear este blog gracias a que el año pasado (2019) leí el libro Sapiens de Yuval Noah Harari. El libro cambió mi perspectiva sobre muchas cosas, incluyendo lo que acabas de leer. Aclaración: Las realidades imaginadas han jugado un papel muy importante para funcionar como colectivo de más de 150 individuos. El propósito del blog no es dejar saber que han sido el único papel para haber podido sobrevivir. El propósito del blog es dejarnos saber el poder de nuestro cerebro y mente. Por favor, no ignoremos el «trabajo» de la selección natural y evolución en nosotros que hizo posible, como dice Javier Santaolalla, nuestra naturaleza exploradora, curiosa, ávida de asombro y soñadora. Notas: [*] Estos dos últimos párrafos (el que habla de La magia de la realidad y las emociones y los sentimientos) fueron añadidos el 16 de junio de 2020. [1] Este concepto de una pirámide en la naturaleza es muy vago. Lo utilizo como sarcasmo hacia las personas que piensan que la evolución funciona como una pirámide. El funcionamiento de la evolución y selección natural no se trata de poner por encima o por debajo a las especies. Solamente funcionan para «beneficiar», específicamente, a los genes que mejor se adapten a la supervivencia y reproducción. [2] Recientemente, se cree que Homo sapiens no solo vivió en una esquina de África oriental, sino que estuvieron esparcidos por varias regiones. [3] No pensemos que esto ocurrió en un segundo, como si ocurriese una idea de la nada. Este evento, lo más probable, tomó decenas de miles de años. [4] No me refiero a los murciélagos vampiro; ellos existen. El nombre científico es Desmodus rotundus. [5] El ejemplo más obvio que se me ocurre es el canguro original de la porción de tierra llamada Australia. [6] Definitivamente habrías podido notar ciertos entornos distintos (animales distintos, plantas distintas, praderas distintas, etc.) por causa del clima, geografía y ambiente. [7] No me refiero a un acto a base de odio. Me refiero a que, si me estoy cagando en una jungla y miro hacia el lado y veo el pedazo de tela, me limpiaría con ella. También la rompería si necesito hacer fuego. Son posibilidades que solo a nuestro ego se le falta el «respeto». [8] Aunque sí, estos mitos pueden ser a base de intereses egoístas, moralidad o seguridad. [9] Lo que pueden hacer es luchar entre ellos o hacer alianzas sociales mediante el sexo para poder lograr un lugar en la jerarquía de bonobos. [10] Podríamos llamar «dinero», también, a los intercambios que realizan las demás especies. Por ejemplo, la simbiosis entre las hormigas con los áfidos, y las abejas con las flores, etc. [11] Yuval Noah Harari, Sapiens. [12] Si lo vemos desde la perspectiva de decenas de miles de años, parece como si estuviéramos deshaciéndonos, poco a poco, de las creencias sobrenaturales y sobrehumanas: ya solo queda un dios, y solo a los humanos nos queda alma. [13] Pienso que la puerta que le dio paso al politeísmo y monoteísmo (teísmo) fue el animismo. Y la puerta que le dio paso al animismo fue nuestra ignorancia y necesidad de querer darle un sentido a todas las cosas y causas del Universo. Todo era incertidumbre, no había ocurrido la revolución científica, por lo tanto, debíamos suponer lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor y más allá. Nosotros poseemos una «voluntad propia» y sentimientos, por lo tanto, las demás cosas que observo a mi alrededor también las tienen porque «actúan» —por ejemplo, la tierra tiembla, las nubes crean lluvia y los volcanes expulsan lava—. Nosotros podemos construir cosas, y los relojes no se pueden construir solos, por lo tanto, el Universo no pudo hacerse solo y tuvo que ser diseñado por alguien, incluyéndonos a nosotros. Nótese cuán subestimados tenemos a la naturaleza y las leyes que gobiernan el Universo. [14] Vale señalar que el politeísmo y animismo no ponen en duda la creencia de un solo poder que gobierna todo el cosmos, incluyendo a los demás dioses. El mismo Zeus, Apolo y todos los demás dioses griegos eran sometidos a un único poder universal: El Destino —Moira, Ananké—, por ejemplo. [15] Nótese la originalidad del nombre Atón. No tiene nada que ver con su nombre; no se parece en nada. ¿De dónde el loquillo de Akenatón se habría inspirado para el nombre de su dios? Hmmm. [16] Afortunadamente en el caso del dios del Antiguo Testamento, que es el dios de los judíos, y la raíz del dios del Islam. Y este afortunadamente también va para toda creencia que tenga un dios, en palabras de Richard Dawkins, «celoso y orgulloso de serlo; un mezquino, injusto e implacable monstruo; un ser vengativo, sediento de sangre y limpiador étnico; un misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista; un matón caprichosamente malévolo.» Richard Dawkins, El espejismo de Dios. [17] Esta creencia en dioses y diosas es de las más difíciles de aceptar o reconocer que son mitos, ficciones y realidades imaginadas. Richard Dawkins habla de la religión como un subproducto de alguna otra cosa modelada por la selección natural. Por ejemplo, se pregunta si es el subproducto de «los irracionales mecanismos que originalmente fueron construidos en el cerebro por la selección para enamorarse» y que tiene ventajas genéticas de supervivencia. El cerebro tiene un comportamiento muy similar cuando las personas imaginan una entidad que siempre está con ellas en las buenas y malas, y que las protegen (Dios), a cuando tienen una persona físicamente a su lado que siempre está con ellas en las buenas y malas, y que las protegen (la pareja). Y, arbitrariamente, en esa lista me atrevería incluir el efecto —aunque no del mismo modo— que tienen los amigos imaginarios sobre los cerebros de los niños. Además, también influye el rápido adoctrinamiento en la niñez. Los niños fueron moldeados por la evolución para hacerle caso casi ciegamente a las «verdades» de sus padres y personas conocedoras. Ya sean «verdades» sobre la supervivencia y reproducción, o «verdades» de la vida y el Universo. En la infancia, que es cuando más vulnerable está nuestro cerebro y mente a acatar cualquier pensamiento y creencia, el cerebro acoge todas esas señales que recibimos para luego guardarlas. Por consiguiente, nuestro «yo» pasa a creer y defender, consciente o inconscientemente, esas señales guardadas. Esto, en parte, aplica a las religiones, ideologías, partidos políticos, etc. Y hace sentido. Richard Dawkins, El espejismo de Dios; El gen egoísta. [18] Por lo que tengo entendido, habiendo estudiado la religión y filosofía budista, los budistas no adoran —o se supone que no adoren— ninguna estatua del Buda. Siddhartha dejó muy claro que él no quería que la gente lo adorase. Con solamente seguir sus enseñanzas bastaba. Para una idea más clara sobre el budismo, véase Thich Nhat Hanh, Vivir el budismo, o la Práctica de la Atención Plena; véase también el Dhammapada; véase también Mahasatipatthana Sutta: The Great Discourse on the Establishing of Awareness. [19] Podrías decir que los leones viven en sus propios territorios, y que no entrarían a territorios ajenos pertenecientes a otras manadas. Es algo análogo a crear una línea invisible para dividir países. Eso es completamente cierto. Sin embargo, es un comportamiento totalmente natural modelado por la selección. «Los leones son altamente territoriales y ocupan la misma área por generaciones. [...] La heterogeneidad del hábitat de la sabana parece ser la causa principal de la territorialidad grupal en los leones.» [20] En este último ejemplo podríamos decir que también la biología y naturaleza permiten que se realicen la violación y el asesinato hacia los demás seres. Aquí entrarían los mitos morales que le hacen bien al colectivo humano: respetar la vida de los/lo demás, no causar sufrimiento —o al menos el menor posible—. Y no solo somos guiados por memes y mitos morales, la evolución nos dotó de una moralidad natural, incluyendo el no hacer daño (o daño innecesario) a los demás seres. [21] Los derechos humanos son un ejemplo de que no todos los mitos generados por Homo Sapiens son una «barbaridad». Aunque los humanos no tengamos derechos, solo poseemos de una biología y capacidades. Un gran ejemplo que Yuval Noah Harari expresa es: «[...] Las aves vuelan no porque tengan el derecho a volar, sino porque poseen alas.». [22] Lo que podemos localizar y ver es el cerebro y su comportamiento, las células, neuronas y genes; no lo subjetivo. En este episodio del podcast explico más esto. «Cada persona está teniendo una experiencia subjetiva consigo misma que no se basa en algo objetivo. Es una experiencia ilusoria generada gracias a lo objetivo: las neuronas y los genes. Una experiencia subjetiva individual que no se puede encontrar en ningún lugar, ni siquiera abriendo el cerebro de la persona. Cada persona está teniendo una experiencia subjetiva e imaginada a través de la mente [y consciencia].»

Obtener lo que se desea: la verdadera carrera de la rata #Miniblog

Quote: Como Buda quizá nunca dijo[*]: «Si piensan que alcanzarán la felicidad obteniendo lo que desean, están locos. ¡Han estado haciendo eso toda la vida y nunca ha funcionado!» Mi mente «extremista», la primera vez que leyó ese quote, pensó que significaba que inducía a no hacer lo que «uno quería hacer», que nuestros deseos no importaban, y que el placer y agrado que la mente generaba no servía para nada. Luego, al descubrir la meditación y sus efectos en mi vida individual, comprendí el mensaje. Los deseos del cerebro y la mente No importa lo que la mente pueda experimentar o sentir, siempre deseará algo, y los deseos siempre traen consigo algo de insatisfacción. No importa lo que la mente pueda experimentar o sentir, siempre deseará algo[1]. Cuando la mente siente algo desagradable o no placentero, como el enojo, deseará liberarse de ello. Cuando la mente experimenta algo placentero y agradable, como la alegría, deseará que nunca acabe o disminuya, o que aumente la dosis. La mente siempre estará insatisfecha. Y hacerle caso a todo lo que ella desee… no es una idea muy buena. Podemos ser Conciencia si, cuando la mente experimenta algo desagradable o agradable, malo o bueno, podemos comprender que lo que está sucediendo es como es, y las cosas en el momento presente son como son[2]. Sin apegarnos al deseo de que aumente o disminuya algún pensamiento, emoción o sensación; sin apegarnos al deseo contrario a la realidad y de Lo-que-es; observando en todo momento el comportamiento y patrones de la propia mente… Sin apegarnos o identificarnos con ella. ¡Ahí no hay sufrimiento! Por ejemplo, si la mente experimenta una situación que te cause algún tipo de tristeza, y no deseas (no te apegas al deseo) que la tristeza desaparezca, no encuentras sufrimiento. Probablemente seguirás sintiendo tristeza[3], pero no generas sufrimiento. La tristeza y el sufrimiento son dos cosas distintas; el dolor y sufrimiento son dos cosas separadas. A veces pensamos que si la mente está triste significa que estamos sufriendo. Y no necesariamente es cierto. Ahora, si noto tristeza, y me niego a esa tristeza, y me apego al deseo de que desaparezca esa tristeza, «pero aún siento que esa f*cking tristeza sigue ahí», y sigo negándome y deseando y actuando desde la identificación con la mente y el ego… ahí genero sufrimiento. Igualmente, si la mente está experimentando algo bueno, agradable o placentero, sin apegarme al deseo de que lo agradable, bueno o placentero nunca se vaya, o que aumente la dosis del placer, seguiré sintiendo el agrado; pero no perderé el gozo cuando se evapore la situación. [**] Podemos ser Conciencia si, cuando la mente experimenta algo desagradable o agradable, malo o bueno, podemos comprender que lo que está sucediendo es como es, y las cosas en el momento presente son como son. No desear... nunca más «Juny, ¿esto significa no desear? ¡Cómo te atreves, descarado!» No. Eso es imposible. Los deseos surgirán automáticamente: son inherentes al cerebro, gracias a cómo nos moldeó la evolución, selección natural y los genes. Además, los deseos no los elige nuestro «yo», ellos simplemente ocurren, y el «yo decide» actuar a base de ellos. ¿Has elegido tu preferencia u orientación sexual? ¿Has elegido tus gustos y preferencias? ¿Has elegido el deseo de comer lo que desayunaste hoy? ¿Has elegido, en realidad, aunque sea un solo deseo? Te tengo noticias aterradoras: no, lo elige automáticamente el cerebro. Para comprender esto, solo nos basta con entrar al estado de meditación y «decidir» no pensar por 15 minutos… ¿podrás? Así mismo como no elegirás el próximo pensamiento que surja no lo haces con los deseos que afloran. «Juny, ¿esto significa no actuar nuestros deseos? ¡Cómo te atreves, descarado doble!» Bueno, no necesariamente. Imagínate que estás en la selva y te persigue un tigre, ¿serás tan insensato como para no hacerle caso al deseo de huirle? Imagínate que no has comido por 12 horas, ¿serás tan insensato como para no hacerle caso al deseo de comer? Imagínate que tu hija pequeña se encuentra en la práctica de fútbol, ¿serás tan insensato como para no buscarla nunca y dejarla abandonada? Imagínate que estás atravesando una situación financiera complicada y necesitas conseguir dinero, ¿serás tan insensato como para no hacerle caso al deseo de hacer un poco de dinero? Podemos, desgraciadamente, decir que sí, ¡soy insensato!: no huiré, no comeré, no buscaré a mi (pobre) hija, me quedaré en bancarrota. Pero esos, en sí, son, también, deseos. Las decisiones que tomas son gracias a deseos[4]. No hay tal cosa como no actuar los deseos —al menos la mayoría de ellos, los esenciales y necesarios—. Tampoco hay tal cosa como no desear. No hay tal cosa como un «libre albedrío». Sí hay algo que se acerca a la «libertad»: observar los deseos en el momento en que surgen. Los deseos surgirán automáticamente: son inherentes al cerebro, gracias a cómo nos moldeó la evolución, selección natural y los genes. Escapar de la carrera de la rata Mi mensaje significa vivir desde la observación y la Conciencia que observa: desde la meditación[5] —en especial, desde la atención plena (mindfulness)—. Mi mensaje significa reconocer la carrera de la rata en la que nos encontramos: creyendo que conseguiremos la ilusoria «felicidad» a base de lo que el ego «desee». Está bien actuar los deseos, tener momentos agradables, sentir placer... ¿pero creer que lograremos la «felicidad»[6] a base de eso? Buena suerte. Cuando observamos la mente y los pensamientos, las emociones y sensaciones; cuando los contemplamos y somos lo que es consciente de ellos, en lugar de ser ellos, entramos a ser Conciencia. Somos una simple presencia que ya no depende del ilusorio «yo» generado por pensamientos. Ya no dependemos de los deseos egotistas para poder ser «felices». Ahora somos la Vida misma reconociéndose a sí a través de la Conciencia. Y esta Conciencia no sufre, no se aburre, no se cansa, no desea, no tiene identidad alguna. Simplemente está ahí, presenciando todo, observando a la mente y al «yo», siendo… y «tú» y «yo» somos Conciencia. Ahora conseguiremos o perderemos la casa o el carro de «nuestros sueños», pero no será ese acto en sí en lo que estaremos basados. Ahora haremos o perderemos dinero, pero no será ese acto en sí en lo que estaremos basados. Ahora lograremos o fracasaremos en «nuestras» metas, pero no será ese acto en sí en lo que estaremos basados. Ahora perderemos o conseguiremos el «amor de nuestra vida», pero no será en eso en lo que estaremos basados. Ahora física o mentalmente estaremos saludables o achacosos, pero no será ese estado en sí en lo que estaremos basados. Ahora ganaremos o perderemos nuestro nivel de identificación con la Conciencia, pero —incluso eso, aunque suene contradictorio— no será en eso en lo que estaremos basados[7]. Ahora nuestra forma individual se basa en simplemente ser, ser Conciencia. Vivir desde esta Conciencia, vivir simplemente siendo, es haber encontrado la «felicidad», es vivir en lo más que se puede parecer a un «libre albedrío». Esto es solo una minúscula parte sobre lo que intento decir. No me cansaré de recomendarte escuchar la serie Cómo ser Conciencia. La carrera de la rata en la que nos encontramos: creyendo que conseguiremos la ilusoria «felicidad» a base de lo que el ego «desee». ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí. Notas: [*] Hay muchas frases que leemos sobre gente del pasado que, lo más probable, nunca dijeron. [**] Gracias, Yuval Noah Harari, por la inspiración. [1] En el 99% de los casos, algo contrario a la realidad. Esto es un porcentaje arbitrario, para nada científico o estudiado. [2] Esto es imposible para el ego. Es por eso que muchas personas no logran llevar a cabo esta «práctica». [3] Ya que la tristeza es el efecto de un pensamiento consciente o inconsciente en el cerebro, y se expresa en el cuerpo en forma de sentimiento y emoción. [4] Sam Harris, Free Will (Simon and Schuster); Yuval Noah Harari, Homo Deus (Harvill Secker). [5] No significa no hacer nada: no tomar acción, quedarse de brazos cruzados, etc. [6] En este contexto, me refiero a la felicidad que las personas piensan que existe: una sensación agradable, gozo y alegría permanentes; nunca más llorar o hasta sufrir; cagar confeti, etc. [7] Aquí me refiero a que, incluso reconociendo que somos Conciencia, se pudiera estar colando la mente y el ego por la puerta trasera para que caigas en sus trampas: el personaje de «soy una persona iluminada». Entonces, aquí deseamos nunca más perder este nivel de identificación con la Conciencia; y si la perdemos, ya sabes. Por lo tanto, se convirtió en otro deseo. Otra cosa que quiero aclarar es que, «[...] esto de identificarse con la Conciencia puede traer confusiones. Podrías estar diciendo que si me identifico con la Conciencia, eso quiere decir que soy como algo separado de la Conciencia que se puede identificar con ella. Esto no significa que tú seas algo separado de la Conciencia y que te separes y unas a ella —solo lo digo de esa forma para ser comprendido—. Siempre eres la Conciencia. Esto significa que la Conciencia que eres se empieza a identificar con la forma que «ocurre» en ella [mente, ego, pensamientos, emociones, etc.]. [...] Cuando la Conciencia cae y se identifica con estas formas transitorias y efímeras que ocurren en ella, a esto es a lo que le llamo caer en la inconsciencia.»

Los extremos te joden #Miniblog

Quote: «Los extremos no siempre son buenos. El balance entre ambos es la clave.» Tenemos una mente condicionada para siempre desear ir a los extremos, ya sea consciente o inconscientemente. Y ese es de los juegos favoritos del ego. Un ego no puede estar tranquilo y satisfecho en el centro*, o en algún lugar entre ambos extremos; él siempre querrá vivir en la periferia. Cuando se dice que aceptemos, la mente piensa que es no hacer nada. Cuando se nos dice ser «buenas» personas, la mente piensa que es dejarnos coger de pendejos o ser el próximo papa Juan Pablo III. Cuando alguien tiene alguna crítica sobre algo, la mente piensa que esa persona es ese «anti-algo» o su enemigo.[1] Cuando se nos dice que no nos preocupemos, la mente piensa que hay que ser indiferentes y no dar importancia.[2] Cuando digo que ni la meditación ni rezar podrán acabar con esta pandemia del SARS-CoV-2, la mente piensa que lo que intento decir es que hay que dejarlo de hacer. Y ni hablar sobre cómo llevamos, en ocasiones, nuestras vidas individuales a los extremos. Por ejemplo, Para lograr algo, debo sacrificarme hasta (metafóricamente) botar y sudar sangre. Para ser «feliz» y estar contento conmigo mismo, debo dejar de comer hasta convertirme en polvo; y si no es el caso, debo comer cuanta cosa tenga a la vista hasta que la sangre no pueda ya circular. Para que piensen que soy humilde, y Teresa de Calcuta parezca una pendeja a mi lado, debo regalar todo el dinero que tenga, nunca más tener sexo y sacrificar un brazo a los dioses paganos. Y así mismo con muchísimas otras cosas.[3] Un ego no puede estar tranquilo y satisfecho en el centro, o en algún lugar entre ambos extremos; él siempre querrá vivir en la periferia. ¡Reconocer la mentalidad extremista! Los extremos nos «separan» de la Vida, del momento presente eterno, de la razón y la lógica, de las demás personas... ¡de nosotros mismos! Ellos no siempre —y no sé si nunca— son «buenos» o efectivos, y son una de las razones por las cuales nos jodemos la vida individual... y la de las demás personas y seres. Todo esto lo hacemos y pensamos, en la mayoría de las ocasiones, de una manera automática. Ya que nuestra mente está condicionada (ya sea biológica o culturalmente) para ser dual: «el bien y el mal» es el mejor ejemplo de esta dualidad. Y los extremos, aunque no necesariamente deban ser duales, funcionan de una manera análoga, y a la mente y al ego les encanta ese jueguito: si no estoy arriba, estoy abajo; si no estoy a la derecha, estoy a la izquierda, etc. Cuando el ego adopta posiciones extremas, hay unas altas probabilidades de volvernos radicales, conflictivos y hegemónicos, como muchas religiones, ideologías y creencias. Nuestro ego querrá conservar lo que vaya acorde con el extremo en donde nos encontremos, y desechará lo demás. No importa si creamos separación, conflicto, guerras externas o internas, infelicidad, sufrimiento, etc. Reconocer y tomar consciencia de que hemos estado en un extremo, nos abre una puerta hacia el «camino medio»[4]. Nos abre una puerta para adoptar y reconocer que hay más posibilidades. Cuando el ego adopta posiciones extremas, hay unas altas probabilidades de volvernos radicales, conflictivos y hegemónicos, como muchas religiones, ideologías y creencias. Fluir con Lo-que-es Muchas personas llevan sus vidas a los extremos pensando que lograrán sus metas. Y sí, en ocasiones logran sus metas; llegando a ella, sin embargo, con una ansiedad, un estrés, desgaste e infelicidad terribles. Debemos aprender y reconocer que «más allá» de los extremos hay un centro. Debemos reconocer que en la periferia nos podemos perder. Debemos entrenar la mente para poder observar el medio como una opción, también —en ocasiones la mejor opción—. Debemos aprender a fluir con Lo-que-es. «Mientras que alguien o algo está en un estado de fluir, emprende una tarea inteligentemente, sabiendo cuándo tomar acción y cuándo no, y encuentra un balance entre la acción y la no-acción. Es un camino entre los opuestos; es un camino entre el frío y caliente; es un camino entre la ansiedad y el aburrimiento. Ese es el camino medio.»[5] En un extremo, por ejemplo, puedes ser un tonto de buen corazón, y en el otro extremo, puedes ser un sabelotodo sin ninguna emoción. Usa el «camino medio» para evolucionarlos de una manera efectiva, sin la necesidad de ir a los extremos. Los extremos no siempre son buenos. El balance entre ambos es la clave. Aunque a veces, cuando sea necesario, es mejor salirse. Ahora, te dejaré con un escrito de hace poco. Probablemente no tenga nada que ver con este blog, pero puedes profundizar en él y aplicarlo a este tema: La sabiduría más elevada es poder observar que, en realidad, todos los fenómenos son impermanentes, transitorios y no constituyen una entidad fija. La verdadera sabiduría no es simplemente creer lo que se nos dice, sino experimentar y comprender la Verdad y la realidad. La sabiduría requiere una mente abierta, objetiva y sin mangos. La sabiduría es ser Conciencia. Es un camino entre los opuestos; es un camino entre el frío y caliente; es un camino entre la ansiedad y el aburrimiento. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí. Notas: [1] Mark Manson, en su libro Todo esta jodido, habla sobre cómo la madurez de nuestra cultura está «deteriorando». También, habla sobre cómo creamos religiones, creencias e ideologías que nos obligan a vivir en extremos, y a crear dicotomías falsas del «nosotros contra ellos». Por ejemplo: si no defiendes la guerra, entonces defiendes a los terroristas; cualquiera que critique el feminismo es sexista; cualquiera que critique al presidente es un traidor, etcétera. Mark Manson, Everything Is F*cked: A Book about Hope [Todo está j*dido: Un libro sobre la esperanza] (Harper, 2019) [2] No crees preocupación. Crea importancia. [3] Evidentemente, todos estos últimos ejemplos, de nuestra vida individual, son extremos para representar de una manera satírica lo que intento decir. Espero que no se hayan ofendido... egos. [4] El concepto de «camino medio» lo adopté de la filosofía budista. Más adelante añadiré un poco sobre esto, pero aquí hay una definición de la mejor página para buscar información confiable, Wikipedia: El Camino Medio o Camino del Medio es la práctica budista del No Extremismo. [5] Extracto del episodio #53 'Cómo fluir con la vida.' [*] En realidad, nunca.

Vuelve a ser el niño, vuelve a ser Conciencia #Miniblog

Quote: «Para vivir el momento presente, el Ahora, este momento presente eterno, no necesitas utilizar la mente: solo ser Conciencia.» Cuando vives el momento presente a través de la mente y los pensamientos, solo estás limitándolo y poniéndole una etiqueta; no viviéndolo plena y conscientemente. Eras y no eras ¿Recuerdas esos momentos en la infancia en donde corrías, jugabas, llorabas y vivías felizmente? Cuando «miras» hacia atrás, reconoces que eran de los mejores momentos de tu vida: eran momentos de pura meditación, ya que no tenías la necesidad ser usado por el ego y la mente —la Conciencia no había conocido la adicción de la identificación con la mente—. Todo era nuevo, por lo que no tenías definiciones ni conceptos sobre cómo «se supone» que sean las cosas que ya son, según lo que dice la mente egotista. Simplemente tú estabas ahí, y el momento presente también, sin interferencia del pasado o futuro, o mejor dicho: sin interferencia de tu identificación con ellos. Ambos se reconocían. Ambos eran uno. Tú solo fluías con él, sin negarte. Te caías, te pelabas la rodilla, llorabas… y a los 5 minutos regresabas para seguir disfrutando del momento presente. En esos años de tu vida individual no estabas todavía identificado con la mente: creencias, paradigmas (influenciados por la sociedad, cultura y familia), personajes, máscaras, papeles ficticios, historia personal, gustos y preferencias, el tiempo psicológico (que carece de existencia objetiva), apegos, etcétera. Lo único que te definía era simplemente el ahora eterno. Simplemente no existía, todavía, el tiempo para ti. Simplemente eras… y «no eras». El infante perdido Sin embargo, ahora mismo estás tan identificado con la mente y su imagen ilusoria, el ego, que ya no conoces qué significa estar plenamente consciente en el momento presente. Ahora mismo eres un revoltillo hecho de pensamientos. Ahora mismo vives más en pensamientos que en la realidad objetiva. Ahora mismo piensas sobre la Vida, en lugar de ser consciente de la Vida. Ahora mismo la mente te envía 17,000 razones por las cuales no deberías estar disfrutando de Lo-que-es, la Vida, el universo y la existencia... y crees que eres esos pensamientos[1]. Ya no eres ese infante que simplemente era. Ya no eres ese infante que no le importaba su ilusoria imagen ficticia sobre lo que piensa que es; ahora eres la imagen ilusoria. Ya no eres ese libro vacío; ahora piensas que eres sus letras añadidas. Ya no hay espacio para disfrutar del Ahora; solo hay espacio para pensar en él, y hundirte en fucking cosas que no existen o que ya no son o que todavía no son. Ya no miras la Vida; solo miras la etiqueta que le has puesto. Ahora mismo ni eras consciente de la vida que existe a tu alrededor. ¿Hace cuánto no eras consciente de la respiración? ¿Hace cuánto no eres consciente que estás encendido como si fueras un televisor? ¿Hace cuánto no eres consciente de que los pensamientos no existen en realidad[2]? Echa un vistazo, ahora mismo. El niño te espera [*] Luego de leer este blog, cierra los ojos por 5 minutos y simplemente observa los patrones mentales y pensamientos sin juicios ni etiquetas. Simplemente observando y siendo Conciencia. Observa la necesidad que tienes de identificarte con un pensamiento que no eliges pensar, pero que solo ocurre. Observa la necesidad y hábito del ego queriéndose identificar. Observa como si hubiera otro «yo» interno, y tú vigilas cada paso que da. Te darás cuenta que tu humanidad posee un cerebro, y el cerebro genera una mente; pero que lo que observa es otra cosa que no forma parte de la mente. Te darás cuenta del por qué de la infelicidad y sufrimiento. Eso que solamente es y solamente observa es la Conciencia. Y la Conciencia es más «real» que la mente[3]. Esa misma Conciencia tiene la capacidad de seguir dándole energía a la mente para que te siga dando esas 17,000 razones y no disfrutar, o simplemente crear una separación. Cuando solamente eres la Conciencia, puedes decidir no darle más energía a esos pensamientos, y simplemente observarlos, simplemente ver cómo se desvanecen al no haberles dado de tu atención consciente. Un pensamiento puede prolongarse indefinidamente... hasta que creamos esta «brecha» mediante la observación y no-identificación. Puedes empezar a ver todas las cosas de este preciso momento como son, como lo mismo que tú: la Vida. Porque tú eres este preciso momento. Porque tú eres la misma existencia pura. Porque tú eres la fucking Vida[4]. No una imagen mental ilusoria. El niño consciente y meditativo está esperando por ti, a que te deshagas de la identificación completa con el ego[5]. Vuelve a ser ese niño que eres. Sé Conciencia. Aprende a ser Conciencia aquí. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí. Notas: [1] Te digo algo: «tú» no eliges ningún pensamiento; ellos simplemente ocurren, y milisegundos o segundos después te das cuenta. ¿No te has dado cuenta? Tu «yo» piensa que es él, y es porque él mismo forma parte de ellos. Escucha estos podcasts: La ilusión del yo y La ilusión del libre albedrío. [2] Los pensamientos son parte de la «realidad imaginada». En esta realidad objetiva solo existen cargas electroquímicas entre neuronas. [3] Si abrimos tu cuerpo, no encontraremos una mente... ni una Conciencia. Lo único que encontraríamos serían genes, células y neuronas que se basan en las leyes de la física y química: las mismas leyes que gobiernan todo el universo (podemos decir que no hay libre albedrío aquí). Sin embargo, pensamos que, «internamente», la mente es lo único que hay y somos; pensamos que somos lo que piensa (el ego). Nunca nos damos cuenta de lo que puede observar lo que piensa: la Conciencia. Por eso digo que la Conciencia es más «real» que la mente. [4] Somos la Vida misma (el Todo) expresada individualmente en una forma humana: gracias a la «inexistencia» del universo, la Gran Explosión, la formación de la materia y energía, los átomos juntándose los unos a otros, la primera molécula autoreplicadora, los genes, etc.. Pero no nos damos cuenta de nuestra esencia porque andamos muy ocupados solamente identificados con el final de la cadena: el «yo». Me gusta decir que la Conciencia es la ventana de la Vida (la existencia e «inexistencia») para reconocerse a sí misma. [5] No significa negar el ego. Eso es estúpido. Mientras poseas un cerebro funcional, y ese cerebro genere una ilusión llamada «mente», tendrás otra ilusión llamada «ego». Tampoco significa no utilizar la mente o los pensamientos. Esa creencia es extremista y ridículamente estúpida e innecesaria. [*] El niño o la niña o niñe o niñi o niñu. Inclusión.

Siempre es ahora #Miniblog

Quote: «Cuando te das cuenta, el ayer y mañana se convirtieron en ahora. Cuando te das cuenta, siempre es ahora.» Para las mentes de nosotros los Homo sapiens, existen dos tipos de «tiempos»: el tiempo psicológico, y el tiempo de reloj. El tiempo psicológico es a lo que le llamamos pasado y futuro. El tiempo de reloj se deja llevar por el movimiento casi exacto (rotación y traslación) de la Tierra. Lo interesante es que la mente mezcla ambos y piensa que existe alguna línea de tiempo, o que cosas suceden fuera de este ahora eterno. Entonces, nos quedamos solamente con la palabra «tiempo», «entonces, el tiempo existe para mí», dice la mente. Memorias y anticipaciones El pasado son solo memorias y recuerdos que ocurrieron en el Ahora; memorias y recuerdos colectivos de la sociedad, cultura, familia, o memorias y recuerdos individuales. Pero a todas esas memorias y todos esos recuerdos, que solo residen en la imaginación, les llamamos «pasado». El futuro es solo una proyección anticipada ilusoria de nuestras mentes, como anticipar un suceso de la continuidad del momento presente. Pero a esa anticipación, y el saber de que la Vida continuará, le llamamos «futuro». Te diré algo paradójico, algo que te dará dolor de cabeza. Ya tú naciste, pero naciste en este ahora eterno, «ahora mismo». Solo que está en la memoria mediante los pensamientos de tus padres, a través de fotos y vídeos, etc., y eso te da un sentido de que hay una línea de tiempo. Además, ya te graduaste de la escuela elemental, y, sin embargo, eso ocurrió en este ahora eterno, «ahora mismo». Solo que está almacenado en la memoria, y es considerado como «pasado» porque el planeta ha dado varias vueltas alrededor del sol en este súper espacio que tenemos. Y como puedes hacer memoria que han ocurrido más sucesos desde ese suceso clave, eso también te dará un sentido de que hay una línea de tiempo. También, morirás en este mismo ahora en que estás leyendo esto —no literalmente ya, pero en el Ahora—. Cuando mueras, el «día» que sea, será en el mismo ahora en que leíste esto, pero proyectarás en la imaginación que será en otro ahora porque sabes que ocurrirán más sucesos antes de ese suceso clave. Y eso te dará un sentido de que hay una línea de tiempo. Lo que harás de aquí a 1 hora del «tiempo de reloj», te acordarás de esto que digo, y creerás que esto fue solo el «pasado»; pero ocurrió en ese mismo ahora. «Pero, Juny, ¿qué pasa con las cosas que han ocurrido y que ya no están ocurriendo? ¡Esas cosas han sucedido!» Y estoy de acuerdo, querido lector. No deberíamos mentirnos al decir que no han existido cosas y sucesos. Sin embargo, todas esas cosas ocurrieron en este momento presente eterno, en el Ahora. No debemos confundir el Ahora con lo que ocurre en el Ahora. ¿Entiendes por dónde voy? ¿Sí? ¿No? Todo lo que ocurrió en el «pasado», ocurrió en el Ahora, en este momento presente eterno. Todo lo que ocurrirá en un «futuro» ocurrirá en el Ahora, en este momento presente eterno. ¡Porque siempre es Ahora! La Vida es definición de Ahora, y viceversa. La Vida no se trata de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, siglos, milenios... se trata de Ahora. No debemos confundir el Ahora con lo que ocurre en el Ahora. La mente es poderosa Creemos que el tiempo existe por el movimiento de las cosas: el movimiento casi perfecto del planeta, el de los demás planetas y muchos otros objetos que se mueven casi al mismo ritmo en “todo momento”. Y a este movimiento es a lo que le llamamos «tiempo de reloj». El tiempo de reloj es extremadamente útil para nosotros —imagina que intentas coordinar una cita con el «amor de tu vida» exactamente en un punto del «día», y no existe el «tiempo de reloj»—. Ello ha sido, después de las papitas fritas, de las invenciones más revolucionarias y efectivas. Sí, es una invención: lo que existe (y ha existido) es el movimiento; la invención fue cómo utilizamos todos ese movimiento. Entonces, pasado y futuro tienen algo en común: solo viven en la mente, en la imaginación. Son simplemente parte de nuestra realidad imaginada. Son ficciones, y no realidades objetivas. El pasado y futuro residen junto a los mitos que generamos en la imaginación. Mitos como el dinero, las leyes, las naciones y los países, los derechos humanos, las compañías y corporaciones, las marcas personales, los dioses y las diosas, las religiones, las ideologías y creencias, y muchas otras que forman parte de la capa adicional que creamos por encima de la realidad objetiva. ¡La mente es poderosa! Sin embargo, hay personas que ven la Vida a través de la mente; y como la mente y el ego vivirán en todo momento en el tiempo psicológico, les harán creer que la Vida es una línea de tiempo. ¡Nunca se dan cuenta del ahora eterno en el que vivimos! Nunca viven conscientes. Siempre viven «dormidos». Este año ha sido una mierda Con todo lo que ha ocurrido este «año», digamos, terremotos, amenazas de guerra, muertes, la pandemia del Covid-19, y muchas otras cosas no placenteras para la mente, en el «mes» de marzo una persona me escribió que «este año ha sido uno de mierda». Mi respuesta fue la siguiente: Por lo menos yo no veo la Vida en años. Así que no puedo decir lo mismo. Solamente yo veo un momento presente eterno en el que ocurren esos sucesos y circunstancias, y debemos bregar con cómo la mente los percibe. Y si estamos viendo la Vida en años, tendremos que esperar alrededor de nueve fucking «meses» para darle al botón de reset y empezar de nuevo; para ya no decir que este ilusorio «pedazo» del Ahora (año) está siendo una mierda. ¡Diremos eso por nueve meses adicionales! Y eso es locura, demencia. Las personas no logran verlo de esta manera por hacerle caso a cómo la mente ya está predeterminada, condicionada y moldeada para ver la Vida de esa forma. El «problema» es nuestra identificación. No es el año, no es el mes, no es la semana, no es el día, no es el segundo. Cuando vemos la Vida así, en fracciones, perdemos la «libertad» de verla siempre ahora. La liberación Todo esto no significa que no utilicemos los términos «hoy», «mañana», «año», «siglo», «minuto», etcétera. Sería muy complicado e innecesario comunicarnos sin utilizar esos términos. Ya todos sabemos a qué nos referimos cuando utilizamos esas palabras. Vamos a utilizarlos, pero siendo conscientes de todo esto. Vivir conscientemente, desde la Conciencia, es darse cuenta y comprender que siempre estamos viviendo, en todo momento, ahora. Y eso es liberador. Es el mismo ahora que cuando comenzaste a leer esto, pero, hay memorias «en medio», ¿cierto? Escucha este podcast sobre 'Vivir el Ahora'. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

Conócete. No te pienses #Miniblog

La «fuerza ciega» de la Vida misma pudo tomar forma individual en partículas subatómicas como los bosones, quarks, protones, electrones y neutrones, y ellas forman los átomos. Los átomos se juntan con otros y van construyendo diferentes formas: desde un grano de arena (formado por trillones de átomos) hasta una estrella (formadas por... ni hablar). Esos átomos que pudieron crear una estrella, pudieron hacer tu cuerpo. Crearon las moléculas y lo esencial para los organismos vivientes: genes, ADN, proteínas, células. Avanzando en la cadena, las células, junto con las dendritas y axones (y más), ayudaron para formas las neuronas. Y las neuronas, junto a otros amigos, el cerebro. Las neuronas se transfieren la electricidad entre ellas por las diferentes partes del cerebro, haciendo que un ser consciente como tú genere una ilusión: la mente. La mente crea su producto estrella: el ego, el «yo». ¡Es una cadena súper hermosa! La cadena comienza en la realidad objetiva y termina en la imaginada. Comienza en una partícula —y en lo que las hace posible—, y termina en algo imaginado y subjetivo como lo es el ego —gracias a la interacción de miles de millones de neuronas: lo objetivo—. La ilusión El ego es la imagen ilusoria de la mente sobre lo que piensa que es: el tan famoso «yo». Él necesita su propia cadena para poder sobrevivir: identificándose con pensamientos, ideologías y creencias, formas externas, la historia personal, personalidades, los deseos, etcétera. El ego, aunque es imposible deshacernos de él mientras poseamos un cerebro y una mente funcionales y sea inherente a ellos, pudiera ser una «disfunción» para la mente humana individual y/o colectiva: crea demencia o locura. Uno de los pasatiempos favoritos del ego es «mirar» al pasado, futuro o a alguna situación imaginada para intentar adoptar algún tipo de identidad, ya sea una de «víctima», triunfador, «no soy suficiente», «mira, soy algo especial por mi superioridad o inferioridad», etcétera. Otro de sus pasatiempos es «mirar» y buscar en la mente los pensamientos de negación para repudiar el momento presente. Otro es «mirar» dentro de la mente e identificarse con alguno de sus deseos. Otro, «mirar» toda la forma individual —cuerpo, personas, cosas…— para poder identificarse con alguna de ellas. Luego que consiga alguna identidad, «la defenderé a muerte», dice el ego. Incluso si eso requiere matar, vivir en conflictos y guerras, generar infelicidad, separación, o amenazar y repudiar cualquier cosa que ataque «mi imagen del yo». El problema no es que el ego haga todo eso, el ego siempre lo va a hacer. El problema reside en nosotros cuando nos identificamos y hundimos en él. Pasamos de ser la «fuerza ciega» de la Vida misma, la Conciencia que observa lo que piensa, la esencia de la cadena hermosa, a identificarnos con una imagen mental reducida, distorsionada e ilusoria de lo que la mente piensa que es. Ahí es que llega el «problema», el estrés, la ansiedad, la intranquilidad, el sufrimiento y la infelicidad. Pienso, ¿luego existo? «Pienso, luego existo.», dijo mi gran amigo Descartes. Pero cuando queremos conocernos a través del pensamiento, encontramos la raíz del ego y no del Ser, de nuestra esencia. Cuando creemos que somos el pensamiento, nos convertimos en la ilusión del «yo». Por consiguiente, esa dimensión que dice «existo» no es la misma dimensión que piensa. Porque si solo hubiera pensamientos en nosotros, seríamos como la persona que sueña sin saber que está soñando. Muchas personas viven así: como si estuvieran en un sueño profundo —o una pesadilla profunda— mientras viven sus vidas individuales, como si estuvieran sonámbulas, como si fueran robots que no pueden ser conscientes de la vida que hay alrededor. Viven atrapadas en sus mentes y pensamientos, y viven creyendo que literalmente son sus pensamientos. Viven perdidos en el ilusorio «yo». Pero no se dan cuenta, porque este ilusorio «yo» se refugia en lo objetivo, en la biología, en la cadena hermosa. Sin embargo, hay algo más cabrón que estar en un sueño. Cuando te das cuenta, y en el sueño reconoces que estás soñando, significa que estás «despierto» dentro del sueño. Ahí entró algo que va «más allá» del pensamiento, aquella «dimensión» más profunda: la Conciencia que sabe que existe; la Conciencia que sabe que piensa. La Conciencia que sabe que existe; la Conciencia que sabe que piensa. Disfruta ser Disfruta de los pensamientos y la mente, ya que tienen un gran poder. ¡Utilízalos! Son muy importantes y extremadamente útiles para vivir y sobrevivir en este mundo. Pero no intentes buscarte en (o identificarte con) ellos. Porque en el mismo momento en que te identificas con un pensamiento, te pierdes, vuelves al sueño. Pierdes tu esencia, «dejas ir» poco a poco el Ser, te olvidas de la Conciencia que observa lo que piensa. Como mencioné al comienzo del blog, empezamos a encontrar nuestra esencia y lo que realmente somos en el principio —si tiene alguno— de la cadena de vida hermosa. Encontramos nuestra esencia en la «fuerza ciega» de la Vida misma y en lo que hace posible todo esto: probablemente nada, probablemente todo. La cadena forma la individualidad, aunque esa individualidad, paradójicamente, también es la totalidad. Cuando la naturaleza de nuestros actos provienen de la esencia que somos, sin interferencia de la identificación con la mente y el ego, esos mismos actos tienen en sí el mayor de todos los «poderes». Son actos más armoniosos y efectivos que toman el rumbo de Lo-que-es. Yo y la vida no somos, tú y la vida no son, dos cosas separadas. Es imposible. Soy la Vida, eres la Vida; no un simple pensamiento. ¿Cómo te puedes reconocer? Al observar lo que piensa y lo que es. Eso que observa es más auténtico que tu «yo», que el ego. Sé Conciencia. ¿Quieres saber cómo ser Conciencia? Escucha la serie del podcast. Soy la Vida, eres la Vida. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

Querer gustarle a todo el mundo es un valor de mierda #Miniblog

Quote: «Nunca le gustarás a todo el mundo. Querer gustarle a todo el mundo es un valor medieval de mierda.» Brevísima historia sobre no gustar Creo que tiene sentido que el ego piense que es el fin del mundo al no gustarle a una persona. Te lo cuento brevemente. En la edad media no se creía en el individualismo. Si vivías en esa época, tu “valor” era determinado por lo que otras personas decían de ti y por tu posición en la jerarquía social. Si el niño Patricio se burlaba de Demetria, era la ofensa más grave del mundo y probablemente su fin. Por lo que el padre de Demetria le enseñaba a proteger su nombre y reputación sin importar el precio que se requiriera. Así que Demetria, en una noche oscura y silenciosa, como venganza, salió de su casa, fue al lugar en donde estaba durmiendo el niño Patricio, se asomó en su ventana, y sin que él se diera cuenta… le gritó “niño rata”. Si eres de occidente o influencia occidental, tu línea de parentesco viene de esa época; algunos de tus genes son réplicas de otros genes que provienen de ahí. Pero podríamos adentrarnos más en el pasado. Durante el 99.99% de la historia en este planeta no hemos tenido este sistema “pacífico” en el que estamos viviendo ahora mismo para poder sobrevivir: salgo de casita, camino tranquilamente, llego al trabajo, regreso a casita, salgo de casita, camino tranquilamente, voy al supermercado (donde ya tienen los alimentos preparados y recolectados por mí), recolecto los alimentos con algo que no existe objetivamente (dinero), regreso a casita, etcétera. Hace 200,000 años (y millones de años atrás) abundaban los peligros mortales en la sabana: si la supervivencia hubiera sido un videojuego, hubiera estado en el nivel “DIOS”. Serpientes y arañas venenosas queriendo asesinarte, tigres dueños de la zona queriendo asesinarte, virus y bacterias "queriendo" asesinarte, otras especies humanas (e incluso los mismos homo sapiens) queriendo asesinarte, plantas y hongos venenosos que debo recolectar inteligentemente para no morir, luchar a muerte por comida, etcétera. Por lo tanto, ser parte de un grupo o banda de cazadores recolectores podría aumentar tus posibilidades de supervivencia. Y para ser parte de una banda o grupo de cazadores recolectores debías caer bien o ser alguien de confianza para el grupo. Tiene sentido por qué nuestra mente y psicología reaccionan de esa manera automática al no gustarle a alguien. Pero no significa que no se puede hacer nada. Gracias al cambio en la historia, en la cultura y sociedad que ha ocurrido y está ocurriendo, tu fucking “valor” ya no es determinado por las personas a tu lado o en el otro lado del planeta, que ni siquiera conoces (y hablando conscientemente, no tenemos algún valor; solo distintas funciones y características individuales. Nuestro “valor” es el mismo que el de un árbol o una supernova—pero esto ya es otro tema). Tampoco tienes que ser parte de un grupo o banda de cazadores recolectores para poder sobrevivir en este mundo. Aunque sí debemos aprender a saber manejar ese impulso automático que el cerebro y la mente generan. Es un impulso evolutivo que no decides generar conscientemente, pero que el ego desea vestirse con él. Valores de mierda Ahora, cambiando un poco el significado de valor, querer gustarle a todo el mundo es de los peores valores que puedes tener. A la larga, si te apegas a ese valor, te comerá de adentro hacia fuera generándote estrés, ansiedad, enfermedad, infelicidad y al final sufrimiento. Los valores de mierda son valores de los cuales no tienes el control, son auto-destructivos y supersticiosos. Son valores que colocas en cosas externas. Por ejemplo, Buscar el reconocimiento de los demás. Querer gustarle a todas las personas. Manipular o querer controlar a otra persona. Popularidad. Nunca estar solo. Siempre tener la razón. Ver a todas las personas como enemigas. Decirle “niño rata” a Patricio o insultar a Demetria. Y miles de valores de mierda adicionales adoptados por el ego. Los valores de mierda son valores de los cuales no tienes el control, son auto-destructivos y supersticiosos Si quieres tener esos valores autodestructivos, está bien; nadie hará que los cambies. Sin embargo, cuando sientas algún tipo de infelicidad, intranquilidad o sufrimiento —desde el más pequeño al más grande—, podrás tener una idea de lo que pudiera estar causándolos: tu apego hacia ellos. La marioneta ¡Imagínate vivir para gustarle a todo el mundo! Suena interesante. Suena a que puedes tener muchas personas admirando “tu” forma de ser, estilo de vida, personalidad, físico, mentalidad: el ego. Suena a que tendrás sexo indefinido. Suena a que nunca más sufrirás y que al estornudar saldrá confeti. Suena a que todos tus problemas de infelicidad serán resueltos. Suena a que sonará en el fondo en todo momento la canción de Aserejé mientras caminas. Pero... querer gustarle a todo el mundo te convierte en una "needy person" (persona necesitada). Tu calidad de vida mental estará determinada por las circunstancias externas y las demás personas. Si no te reconocen, serás una marioneta. Si no le caes bien a las personas, serás una marioneta. Si no puedes manipular o controlar a otra persona para que haga algo, o para que piense como tú, serás una marioneta. Si no eres popular, o no te conoce mucha gente—fuck!, me acuerdo de mis momentos en la escuela superior—, serás una marioneta. Si te encuentras solo, serás marioneta de tus deseos necesitados. Si sientes que no tienes la razón, la cuerda número tres será tu favorita. Si miras a las personas como tus enemigas u oponentes… ya sabes. Ahora imagina llegar a los 90 años, “mirar hacia atrás”, recordar que estás llegando al fin de tu humanidad, y haber malgastado una gran porción de tu vida ofendido o indignado por no haberle gustado a algunas personas por culpa de la identificación con el ego. Así de estúpido es el funcionamiento y resultado de nuestra identificación con el ego. Vivir identificados con el ego (la imagen de lo que la mente piensa y cree que es) es lo más estúpido que podemos hacer inconscientemente; pasamos a vivir identificados con una ilusión, en lugar de vivir identificados con el Ser y la Conciencia que somos. Si de verdad queremos “hackear” el juego de gustar, debemos dejar de ser personas totalmente dependientes de la aceptación de las demás personas, y pasar a ser personas auténticas, proactivas e independientes mental y emocionalmente. ¡Gustar o no gustarle a alguien NO CAMBIA NADA! ¡Caer o no caerle bien a alguien NO CAMBIA NADA! ¡Recibir elogios o insultos NO CAMBIA NADA! ¡Que te llamen “niño prodigio” o “niño rata” no cambia nada! Para el ego es el comienzo o el fin del mundo; pero recuerda que "no eres" lo que piensa, eres lo que observa lo que piensa. Nunca le gustarás a todo el mundo, y está bien. No te identifiques con el ego. No pongas tu valor en el ego. Todos esos valores de mierda son causa de tu identificación con la ilusión, con el ego. Sé Conciencia. (Aprende a ser Conciencia aquí.) Buenos valores Ya que estamos hablando de valores, te daré buenos valores que puedes adoptar. Los buenos valores son esos de los que tienes el control, son basados en la realidad, y son constructivos para ti. Honestidad Sinceridad (sinceridad y honestidad no son lo mismo) Aceptación Auto-respeto Coraje Pensar en ti y en las demás personas Llevar a tu abuelita al supermercado porque se le acabó la manteca de ubre Y más valores constructivos y beneficiosos para ti, los seres y el mundo. Los buenos valores son esos de los que tienes el control, son basados en la realidad, y son constructivos para ti Sé "una persona así" Ahora te dejo con un fragmento del libro 'Atrévete a no gustar' de Ichiro Kishimi. Disfruta. «Cuando buscamos el reconocimiento de los demás y nos preocupamos únicamente de la opinión que los demás tienen de nosotros, acabamos viviendo la vida de otros. [...] Cuando deseamos tan intensamente que nos reconozcan, vivimos para satisfacer las expectativas de otros, que quieren que seamos «una persona así». En otras palabras, dejamos a un lado quienes somos en realidad y vivimos las vidas de otros. Y recuerda esto: tú no vives para satisfacer las expectativas de los demás y los demás tampoco viven para satisfacer las tuyas.» ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

Nunca es la gente, siempre es la mente #Miniblog

Quote: «No estás tratando con la gente; en realidad, estás tratando con la mente.» Nunca es la gente, aunque no queramos —aunque la mente no quiera, aunque el ego no quiera— aceptarlo. ⠀ Culpamos a la gente y las situaciones externas, ya que la mente nunca se mirará a sí misma ni aceptará su propia culpa, y mucho menos la responsabilidad para trabajar con su propia creación de intranquilidad. Y si lo hace, lo hará utilizando el ego para adoptar un personaje mental ilusorio. La mente, en la mayoría del tiempo, es egotista y le gusta culpar todo lo externo. ¡Un espejo es considerado su enemigo mayor! Cuando pienses que una persona te está jodiendo, no será con la persona que tendrás que trabajar, será con la mente. Cuando una persona te haga «feliz», no es la persona, es la mente. Cuando alguien te critique y hable mal de ti, no será la persona el problema, será la mente. Cuando sientas que alguien te está haciendo sufrir o infeliz, no es la persona, es la mente. (Aunque podemos decir que, en realidad, es el cerebro—procesando todo lo que lo influye para que reaccione la mente.) Por eso es muy importante entrenar una mente efectiva, práctica y saludable, para poder saber vivir con toda esa mierda que nos dice y hace sentir. Por eso es muy importante «controlar», manejar y «dominar» la mente, y no sea ella la que nos domine a nosotros. En la Vida nunca vas a tratar con la gente o las otras mentes; ellas siempre van a tratar con ellas mismas. Sin embargo, tú... tú siempre vas a tratar contigo y todo lo que tenga que ver con tu individualidad humana: con la mente y sus negaciones a la realidad, con tu nivel de «identificación con la Conciencia», con los pensamientos que crean conflicto hacia Lo-que-es, con los paradigmas y creencias que hacen conflicto entre sí, con los valores, con las percepciones y perspectivas, etc. Aceptar esta culpa y responsabilidad (ojo: culpa y responsabilidad no son lo mismo) se sentirá como el fin del mundo, un infierno y el insulto más grande si en el momento estamos identificados con la mente y el ego. Ellos harán todo lo posible por no permitir que te dejes de identificar con ellos. Un paso esencial, y más importante que trabajar con la mente, es dejar de identificarnos con la mente y el ego. Debemos aceptar que, mientras sigamos vivos y el cuerpo funcione, nuestra humanidad individual siempre tendrá un cerebro, ese cerebro «hará» posible una mente, y la mente hará su imagen de lo que piensa que es: el ego. Utilizaremos el gran poder que nos brinda el cerebro y la mente, y les daremos la importancia que merecen. Reconociendo, sin embargo, que, en realidad, somos, en esencia, mucho más que una simple ilusión generada por la mente—somos mucho más que un simple ego. Cuando culpamos a otras personas y cosas por nuestros propios «infortunios» internos, es una clara señal de nuestra identificación con el ego y la mente. Cuando no lo podemos ver de esa manera, es una señal aún más clara para reconocer esta identificación. Cuando lees esto y me quieres asesinar por estar diciéndolo, es el ego viéndose amenazado por estar exponiéndolo y dejándolo al descubierto—nota su amenaza en la intranquilidad mental que genera. Repite esto. Soy la Conciencia que está «detrás» de la mente, observando todo lo que piensa. Soy esa «inteligencia [ciega] universal» que hace posible toda la existencia y no existencia (no me refiero a una inteligencia sobrenatural, ni siquiera a una inteligencia literal). Soy más que lo que la mente cree que es—una simple imagen mental ilusoria. Mi humanidad es mi individualidad —al igual que un árbol o un grano de arena son cosas individuales—, pero en esencia soy la Vida, la Conciencia, el Ser... soy el Todo. Cuando reconoces esto, se crea una liberación interna. Ya no dependes de la gente y las circunstancias externas; ahora dependes de tu nivel de «identificación con la Conciencia» y presencia. La acción que vendrá de este reconocimiento será efectiva. El sentido de armonía con el Ahora estará cabrón. Una vida en armonía con este momento presente eterno —lo único que hay—, con la mente y el ego, y una «identificación con la Conciencia y el Ser» es clave para vivir plenamente conscientes. No eres la mente o los pensamientos. «Eres» lo que observa la mente y los pensamientos. Eso que observa no forma parte de la mente y los pensamientos: no sufre, no tiene identidades o identificaciones, no necesita nada; simplemente observa y está presente. Quizá no lo habías visto de esa manera, y pasabas automáticamente a identificarte con lo que es (y que «se supone» que sea) observado, en lugar de con lo que observa. Ahora lo sabes. Recuerda que no reaccionas a las personas y las cosas. Las cosas externas solo influyen para que el cerebro lo capte y haga su trabajo automático. Siempre estás reaccionando a cómo el cerebro reacciona, y a cómo la mente lo etiqueta. Sé Conciencia. Somos, en esencia, mucho más que una simple ilusión generada por la mente—somos mucho más que un simple ego. ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional #Miniblog

Quote: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.” Nuestra identificación con la mente hace que, en un día súper alegre, una "piedrita" en el zapato se sienta como el problema más grande del mundo, y sintamos que el fin de los días se acerca. Nuestra identificación con la mente y el ego hace que, cuando sentimos dolor físico, convirtamos el dolor físico a dolor mental, y del dolor mental a sufrimiento. Y no solo el dolor físico, también el dolor mental, como la tristeza, lo convertimos opcionalmente a sufrimiento. Todo esto ocurre gracias a nuestra negación hacia lo que está pasando, hacia Lo-que-es. Imaginemos que nos disparan una flecha. Es evidente que la energía de la flecha al penetrar la piel nos causará un dolor físico bien cabrón. Es imposible no sentir ese dolor, a menos que tengamos un defecto en nuestro cerebro que no nos haga sentir o percibir dolor—hay personas que padecen de eso. El sufrimiento es como si nos dispararan dos flechas: la primera es ese dolor físico, y la segunda es el dolor mental. (Ambos son generados por el mismo cerebro. Si queremos, podemos decir que ambas son mentales o cerebrales, pero para propósitos de esta analogía digo dolor físico y mental.) La diferencia está en que la primera flecha es inevitable, y la segunda flecha es opcional. Sí, la segunda es opcional, aunque lo neguemos con nuestra vida y todas las fuerzas. En la mayoría de las veces elegimos esa opción porque vivimos en un estado de inconsciencia—metafóricamente hablando. Es una elección inconsciente. Es decir, vivimos perdidos, hundidos e identificados con la mente, el ego y todos los pensamientos; en un sueño. Ese segundo dolor (el sufrimiento) ocurre cuando estamos identificados con los pensamientos. Pero la noticia es que la mente y el ego automáticamente querrán negarse a cualquier situación que ocurra. En esa negación hacia la realidad misma, hacia Lo-que-es, hacia lo que está pasando, es donde se genera el sufrimiento. Para decirlo súper simple, el sufrimiento surge así: ocurre algo -> deseo que no ocurra -> me apego al deseo -> creo sufrimiento. Ahí es cuando comenzamos a atribuirle un significado distorsionado al suceso de la flecha incrustada en el cuerpo. Nos negamos a que haya ocurrido, nos preguntamos «¿por qué me tuvo que ocurrir a mí?, «¿por qué a mí?»; nos decimos que no nos merecemos esto, y muchos otros pensamientos inconscientes que genera nuestro apego hacia el deseo de negación. Entonces, el dolor físico automático lo convertimos en el dolor mental, y la negación al dolor mental en sufrimiento. Ya no es solo una flecha en nosotros; ahora son dos. La primera flecha, y una segunda flecha creada por la negación hacia Lo-que-es. La negación es la opción inconsciente. La negación es la opción inconsciente. Por eso se dice que el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional. Pero creemos que el sufrimiento es inevitable, cuando lo inevitable es el dolor. Esa creencia es común en los humanos porque probablemente naciste en una parte del mundo donde crecimos identificados solamente con la mente, el ego y todos los pensamientos que surgen en el campo de Conciencia. Y al estar identificados con ellos, pensaremos que el sufrimiento es inevitable. Y sí, el sufrimiento pudiera ser inevitable; solo si en el momento presente estamos en un estado de inconsciencia. Pero hay un "life hack". Puedes quedarte solo en esa primera flecha, sin entrar al sufrimiento, si realizas la meditación y aceptación verdadera, al desapegarte de la mente y el ego—los que te generan algún tipo de identificación con cualquier rol, papel o personaje ficticio. También, al solo ser el observador (la Conciencia, el Ser) de todo lo que ocurre en la mente y físicamente. Sin adentrarte en los pensamientos de negación o querer. ⠀ Esto aplicaría en cualquier tipo de situación que estemos pasando. Ya sea un insulto, un “problema”, un suceso impactante, una flecha en nuestro cuerpo (o mente) o quemarnos el cuerpo entero. Entonces, ese dolor se convierte en la misma sensación que te da una mosca cuando pasa por tu oreja. Te diré algo importante. No importa lo que la mente pueda sentir o experimentar, siempre va a tener deseos, y los deseos siempre incluyen algo de descontento e insatisfacción. Por ejemplo, cuando la mente está experimentando algo desagradable, ella desea liberarse de ello. Cuando la mente experimenta algo agradable y que le brinda placer, ella desea que ese placer nunca se vaya, o que aumente. La mente siempre está insatisfecha e inconforme. Otro ejemplo, las personas sueñan y desean con lograr una meta en sus vidas, pero es muy poco probable que se sientan satisfechas cuando la logren. La mente y el ego seguirán buscando y deseando más cosas para mantenerse en el estado de insatisfacción. Podemos salir de este bucle inconsciente. Si cuando experimentamos algo malo o bueno, desagradable o desagradable, placentero o no placentero, podemos comprender que lo que experimentamos es como es, y que las cosas en el momento son como son. Entonces no se crea sufrimiento. Si experimentas una situación que te cause algún tipo de tristeza sin desear que la tristeza desaparezca o aumente, entonces no encuentras sufrimiento. No significa que no vas a sentir tristeza; la tristeza es una emoción y la sentirás, pero no generas sufrimiento. Si cuando experimentas una situación que te genere alegría sin desear que la alegría nunca se vaya, o aumente, continúas sintiendo la alegría, pero no pierdes el gozo que trae la alegría—y cuando se evapore no generas sufrimiento. En esa negación hacia la realidad misma, hacia Lo-que-es, hacia lo que está pasando, es donde se genera el sufrimiento. (Siempre aclaro que lo que expreso no significa no hacer nada, querer que ocurra lo que se niega o estar de acuerdo con que ocurra lo que se niega.) ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

Las ideologías, religiones y culturas son como parásitos

Quote: “Las ideologías, religiones y culturas son como parásitos. En el momento en que se alojan dentro del individuo, no les importa el bienestar (físico o mental) del mismo; solo les importa su propia supervivencia y propagación hacia otros individuos. Lo peor: creemos que somos el parásito.” Aunque los “parásitos ficticios” pudieran tomar forma de cualquier pensamiento, algunos de los más fuertes para nuestro cerebro son los que toman forma de ideologías, religiones y culturas. Y, aunque las religiones y culturas han sido de las ficciones más efectivas para cooperar como colectivo humano, nuestra identificación con ellas han causado un daño tremendo en la humanidad y los otros seres a lo largo de la historia, psicológica y físicamente: separación, conflicto, genocidios, odio, etc. Un parásito vive dentro del cuerpo de su anfitrión. Un ejemplo de parásitos son los virus. La “única meta” de los virus es multiplicarse y extenderse hacia otros anfitriones, de ese otro anfitrión a otro, y así sucesivamente. Al parásito no le importa el estado en que está su anfitrión, mientras él siga vivo y expandiéndose hacia otros anfitriones. No es hasta que se trata el virus o el parásito que su expansión se detiene y se deshace. Pero han habido parásitos y virus tan fuertes y peligrosos, que han debilitado y matado a personas. Estos "parásitos ficticios" se vuelven más potentes y más fuertes con el “pasar” del momento presente. Si mi subconsciente lo captó desde mi infancia, más efecto tendrá. Además, su sentido de “objetividad” y “verdad” se vuelve más presente si noto que otras mentes también poseen el parásito. Si noto que muchas otras personas como mi familia, muchos de mis amigos y amigas, mis vecinos, mis compatriotas, mis profesores, el sacerdote de la iglesia, la líder de la ideología, las personas famosas y/o algunas otras poseen el parásito, significa que es real y verdadero. Pero no solo eso, sino también el conocimiento de que millones de personas en el pasado también lo tenían, más fortalecimiento se genera en mi imaginación. Por lo tanto, este parásito es el “verdadero”, y las personas que no lo posean serán consideradas como “enemigas” o “potencialmente enemigas”. Y cualquier cosa que me ordene hacer el parásito, lo haré sin cuestionarlo… porque es lo que “se supone que se haga”. Demasiadas personas han muerto, o dado sus vidas, por una de ellas, pensando que conseguirán algún tipo de ganancia sobrehumana o sobrenatural luego de sacrificar sus formas individuales—o incluso sacrificando la vida de otros seres. Demasiadas familias se han roto a causa del parásito, gracias a su apego hacia uno de ellos; separándose porque la otra persona “no tiene el mismo parásito que yo tengo”. Demasiadas regiones y naciones del mundo se odian a muerte por culpa de la identificación con sus culturas (parásitos). Demasiados conflictos y peleas entre personas se están dando en estos momentos por parásitos que no son compatibles. Demasiada mierda se genera por culpa de nuestra identificación con el fucking parásito. Un parásito es inútil y no puede hacer su función si no está alojado dentro de un individuo para hacer copias de sí mismo. Una ideología, religión o cultura no puede hacer nada si no están alojadas en nuestra imaginación. Si me permito ir un paso más allá, no es que las religiones, ideologías y culturas sean el problema en sí; ellas no existen en esta realidad objetiva, solo en la realidad imaginada. Es la identificación del ego con ellas, y nosotros estar identificados con él. En palabras modernas: el problema “somos (hemos sido) nosotros”, no la ficción. ¿Hay alguna solución para estos “parásitos”? No hay solución para que no se generen en nuestro cerebro. Es inevitable, y parte, sino un “error”, de nuestros genes. Estos “parásitos” serán generados automáticamente con el “pasar” del momento presente, mientras siga evolucionando y mutando la forma de pensar colectiva e individual, y mientras siga cambiando el “espíritu de los tiempos” o el "pensar de la sociedad o cultura" (zeitgeist). Lo que sí podemos hacer es ser conscientes de que nuestra imaginación (realidad imaginada) pudiera generarlos, y el ego pudiera aferrarse y/o apegarse a ellos para adoptar algún tipo de identidad. Entonces, ya no soy un simple Ser; ahora "soy" el parásito. Habrán “mejores” parásitos que otros, pero en esencia, siguen siendo parásitos—no les importa tu bienestar mental o físico, sino que los propagues. Debemos ser conscientes de que no somos el parásito, sino lo que lo mantiene. Ahora, compartiré contigo un fragmento del libro Homo Deus de Yuval Noah Harari. Me parece una historia excelente, que va en consonancia con este mini blog. Disfruta, querido lector humano: En 1187, Saladino derrotó al ejército de cruzados en la batalla de Hattin y conquistó Jerusalén. En respuesta, el Papa puso en marcha la Tercera Cruzada para reconquistar la ciudad sagrada. Imagine el lector a un joven noble inglés llamado John que abandonara el hogar para ir a luchar contra Saladino. John creía que sus actos tenían un sentido objetivo. Creía que si moría en la cruzada, su alma ascendería después al cielo, donde gozaría de una dicha celestial eterna. Se habría sentido horrorizado al descubrir que el alma y el cielo son solo historias inventadas por los humanos. John creía a pies juntillas que si llegaba a Tierra Santa, y si algún guerrero musulmán con un gran bigote le atizaba con un hacha en la cabeza, sentiría un dolor insoportable, le atronarían los oídos, le flaquearían las piernas y se le nublaría la visión…, y que en el instante inmediatamente posterior vería una luz brillante en derredor, oiría voces angelicales y arpas melodiosas, y querubines alados y radiantes le indicarían que cruzara una magnífica entrada dorada. [No, esto no es una película de Hollywood.] John tenía una fe muy sólida en todo esto, porque estaba enmarañado en una red de sentido extremadamente densa y poderosa. Sus recuerdos más antiguos eran los de la herrumbrosa espada del abuelo Henry, que colgaba en el salón principal del castillo. Desde que era niño, John había oído los relatos del abuelo Henry, que murió en la Segunda Cruzada y que desde entonces estaba sentado con los ángeles en el cielo, velando por John y su familia. Cuando los trovadores visitaban el castillo, solían cantar acerca de los valientes cruzados que habían luchado en Tierra Santa. Cuando John iba a la iglesia, le gustaba contemplar los vitrales de las ventanas. John escuchaba con atención al sacerdote de su parroquia, el hombre más sabio que conocía. Casi todos los domingos, el sacerdote explicaba que no había salvación fuera de la Iglesia católica, que el Papa de Roma era nuestro santo padre y que teníamos que obedecer siempre sus órdenes. Si matábamos o robábamos, Dios nos enviaría al infierno; pero si matábamos a musulmanes infieles, Dios nos recibiría en el cielo. Un día, cuando John acababa de cumplir los dieciocho años, un caballero desaliñado cabalgó hasta la verja del castillo y, con voz ahogada, anunció la noticia: «¡Saladino ha destruido al ejército cruzado en Hattin! ¡Jerusalén ha caído! ¡El Papa ha declarado una nueva cruzada y ha prometido la salvación eterna a quien muera en ella!». La gente que lo rodeaba se quedó conmovida y preocupada, pero a John se le iluminó la cara con un resplandor sobrenatural, y proclamó: «¡Iré a luchar contra los infieles y a liberar Tierra Santa!». Todos permanecieron en silencio un momento, y después sonrisas y lágrimas aparecieron en sus rostros. Su madre se enjugó las lágrimas, dio a John un fuerte abrazo y le dijo lo orgullosa que estaba de él. Su padre le dio una fuerte palmada en la espalda y le dijo: «Si tuviera tu edad, hijo, me sumaría a ti. El honor de nuestra familia está en juego… ¡Estoy seguro de que no nos decepcionarás!». Cuando abandonó el castillo, los aldeanos salieron de sus chozas para despedirle, y todas las chicas bonitas miraron anhelantes al valiente cruzado que se iba a luchar contra los infieles. Se hizo a la mar en Inglaterra y más tarde se abrió paso a través de tierras extrañas y distantes (Normandía, Provenza, Sicilia), y por el camino se le unieron bandas de caballeros extranjeros, todos ellos con el mismo destino y la misma fe. Cuando el ejército desembarcó finalmente en Tierra Santa y entabló batalla con las huestes de Saladino, John quedó asombrado al descubrir que incluso los malvados sarracenos compartían sus creencias. Cierto, estaban un poco confundidos y creían que los cristianos eran los infieles y que los musulmanes obedecían la voluntad de Dios. Pero también ellos aceptaban el principio básico de que los que luchaban por Dios y Jerusalén irían directamente al cielo cuando murieran. De esta manera, hilo a hilo, la civilización medieval tejió su red de sentido, atrapando en ella como a moscas a John y a sus contemporáneos. Para John era inconcebible que todas estas historias no fueran más que fantasías de la imaginación. Quizá sus padres y tíos estaban equivocados, pero ¿acaso también lo estaban los trovadores, y todos sus amigos, y las chicas de la aldea, y el sabio sacerdote, y el barón del otro lado del río, y el Papa de Roma, y los caballeros provenzales y sicilianos, e incluso los mismos musulmanes? ¿Era posible que todos ellos estuvieran alucinando? Y los años pasan. A medida que el historiador observa, la red de sentido se desenmaraña, y otra se teje en su lugar. Los padres de John mueren, y después, todos sus hermanos y amigos. En lugar de trovadores dedicados a cantar las cruzadas, la nueva moda son obras de teatro sobre trágicas aventuras amorosas. El castillo familiar arde hasta los cimientos, y cuando se reconstruye, no queda rastro de la espada del abuelo Henry. Las ventanas de la iglesia se hacen añicos en una tormenta invernal, y el vidrio que las sustituye ya no retrata a Godofredo de Bouillon y a los pecadores en el infierno, sino el gran triunfo del rey de Inglaterra sobre el rey de Francia. El sacerdote ya no llama al Papa «nuestro santo padre»: ahora se refiere a él como «aquel demonio de Roma». En una universidad cercana, los estudiosos leen atentamente antiguos manuscritos griegos, diseccionan cadáveres y susurran en voz baja y a puerta cerrada que quizá eso que llamamos alma no exista. Y los años siguen pasando. Donde antaño se erguía el castillo, ahora hay un centro comercial. En el cine proyectan por enésima vez Monty Python y el Santo Grial. En una iglesia vacía, un aburrido vicario se alegra sobremanera al ver a dos turistas japoneses. Les explica con detalle el significado de los vitrales de las ventanas mientras ellos sonríen educadamente y asienten sin entender nada en absoluto. En las escalinatas exteriores, una pandilla de adolescentes juega con sus iPhone. Miran en YouTube un nuevo remix de «Imagine», de John Lennon. «Imagina que no hay cielo —canta Lennon—, es fácil si lo intentas». Un barrendero paquistaní barre las aceras mientras una radio cercana retransmite las noticias: las matanzas en Siria continúan, y la reunión del Consejo de Seguridad ha acabado en un punto muerto. De pronto se abre un agujero en el tiempo y un misterioso rayo de luz ilumina la cara de uno de los adolescentes, que anuncia: «¡Voy a luchar contra los infieles y a liberar Tierra Santa!». ¿Infieles y Tierra Santa? Estas palabras ya no tienen ningún sentido para la mayoría de la gente en la Inglaterra de hoy en día. Incluso el vicario probablemente pensaría que el adolescente padece algún tipo de episodio psicótico. En cambio, si un joven inglés decidiera unirse a Amnistía Internacional y viajar hasta Siria para proteger los derechos humanos de los refugiados, sería considerado un héroe. En la Edad Media, la gente pensaría que se habría vuelto majareta. Nadie en la Inglaterra del siglo XII sabía qué eran los derechos humanos. ¿Quieres viajar a Oriente Medio y arriesgar tu vida, no para matar musulmanes, sino para proteger a un grupo de musulmanes de otro? Tienes que haberte vuelto loco. Así es como se desarrolla la historia. La gente teje una red de sentido, cree en ella con todo su corazón, pero más pronto o más tarde la red se desenmaraña, y cuando miramos atrás, no podemos entender cómo nadie pudo haberla tomado en serio. En retrospectiva, ir a las cruzadas con la esperanza de alcanzar el paraíso parece una locura total. En retrospectiva, la Guerra Fría parece una locura todavía mayor. ¿Cómo es posible que hace treinta años la gente estuviera dispuesta a arriesgarse a sufrir un holocausto nuclear por creer en un paraíso comunista? Dentro de cien años, nuestra creencia en la democracia y en los derechos humanos quizá les parezca igualmente incomprensible a nuestros descendientes. — Yuval Noah Harari, Homo Deus: Breve historia del mañana Esta historia no solo aplica a la religión tradicional, también aplica a todas las ideologías y culturas—obviamente, no exactamente de esta forma. El nivel de apego e identificación que tenemos hacia a ellas define el resultado del parásito. (Esto es un mini blog—no tan mini. Evidentemente faltarían demasiadas explicaciones dadas por mi parte sobre nuestras identificaciones, el ego, la realidad imaginada, los mitos y las ficciones, etc. Las personas que me lean por primera vez, probablemente lleguen a conclusiones únicas y fuera de la carretera que deseo tomar; o quizá lleguen a conclusiones extremas, olvidándose que hay un "camino medio". Sin embargo, las personas que han seguido Mente Desnuda desde el principio tendrán una idea bastante en consonancia sobre la carretera que estoy tomando. Tengo en mis planes futuros hacer un libro, o varios, en donde expondré todo a profundidad.) ¿Te gustó este blog? Puedes donar, si deseas, aquí.

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